¿Qué le pasa a la izquierda?

por Pablo Pozzi

Hace unos años hicimos una actividad en el pueblo a la que vino Liliana Olivero. Al final se me acercó el militante que venía con ella y, después de preguntarme quién era yo («el que organizó esto», le dije) me ofreció que pasara por su oficina a charlar qué podíamos hacer juntos. Me quedé de una pieza… ¿él tenía interés en que yo colaborara con ellos y yo era el que tenía que ir a verlo? Unos años más tarde me ensarté en una discusión con el Sergio sobre la consigna del FIT «que un diputado gane lo mismo que una maestra». Yo estaba brotado. ¿Qué clase de propuesta de izquierda era esa? Debería haber sido que una maestra gane lo que un diputado. ¿Cómo vamos a plantear mantener un salario de hambre? El otro día veo que el legislador Alejandro Bodart vacaciona en Punta del Este. «Todos deberíamos poder hacerlo», dijo. Sipi, excepto que él lo puede hacer porque llegó a su banca con nuestros votos. Insisto, la mujer del César no sólo debe ser honesta sino también parecerlo. Y si metes la pata decir, por una vez, que te equivocaste sería algo saludable. Hoy abro La Izquierda Diario y dice «Nicolás del Caño, excandidato presidencial del Frente de Izquierda, declaró que “es necesario organizar la resistencia contra las políticas derechistas de Trump desde el primer día”». Yo estoy de acuerdo, lo que no queda muy en claro es para qué. ¿Qué se vaya Trump y venga… Hillary? ¿Y por qué no planteamos la resistencia contra Obama que se ha dedicado a hacer guerras sinfín? ¿Cuál es la propuesta más allá de que «hay que luchar»? Por suerte parece que dejamos de lado el llamado a la resistencia antimacrista que hicieron hace un año… claro, sin nunca decir que lo habían hecho. Como le pregunté a un compañero del FIT el otro día: «¿Si mañana te despertaras y sos intendente de mi pueblo, cuál es tu primera medida?» Se me quedó mirando. Ni se le había ocurrido que por ahí podíamos ganar algún día. Y obvio, así no vamos a ganar nunca.

Cada vez que leo la cuantiosa producción de la izquierda argentina (e internacional) me da un ataque de nostalgia por los 70. El otro día me postean una consigna en Facebook donde insiste que Macri se vaya. Luego, una amiga me dice que Mauri «quiere tierra yerma». Otro repite que quiere vender el país a las multinacionales. Un tercero repite que está haciendo un «país para pocos». Los «científicos del CONICET» todos insisten que el ingreso de mil nuevos investigadores es algo bueno para el desarrollo nacional. Ni hablar de los que dicen que ahora sí hay corrupción. Me llenan el mail con alusiones a «Mugricio», como si eso fuera un golpe durísimo a la derecha. «Macri es lo peor que le ha pasado a la Argentina en décadas». Bueno, no, hemos tenido a De la Rúa, hemos tenido dictaduras, y la tuvimos a Isabel y sus paramilitares. Y finalmente, uno que me dice «Macri es como la dictadura». Y yo pienso ¿cuál la del 66 o la de 76 o la del 55, y la del 30? Sin olvidar que hasta ahora hubo más desaparecidos bajo los Kirchner. Y ni hablar de que millones lo votaron. Ya quisiera Videla haber sido dictador con el voto de la mayoría. Y yo me quedo callado, medio en shock y medio porque de pura bronca se me traba la lengua, ante el boludismo disfrazado de progre. ¿Qué le pasa a la izquierda? A ver, y para recordar que hace solo cuatro décadas podíamos pensar y ofrecer propuestas alternativas, aunque yo no coincidiera con muchas y tuviera las propias:

  1. Si yo quiero que se vaya Macri, como quería que se fuera Isabel Perón, pero quiero que venga alguien mejor. Es más, quiero que venga un cambio de sistema y quiero a los trabajadores en el poder. Decir que se vaya, así a secas, implica que venga Massa, o Urtubey, o que vuelva Cristina. La verdad es que yo no quiero que venga ninguno de ellos, y hasta Del Caño sería mejor. En 1975, ante el desastre sangriento que era el peronismo (parece que hoy todos se olvidan que Isabel, López Rega, la Triple A, y el Operativo Independencia eran todos peronistas) el PRT-ERP llamó a una asamblea constituyente para reformar la constitución. Por su parte, el PST, planteó la renuncia de Isabel e interinato de un diputado obrero designado por un Congreso de Bases junto con la convocatoria a una asamblea constituyente. Mientras que otros sectores, como Montoneros, reclamaban adelantar las elecciones presidenciales. Varias no me parecían ni útiles ni posibles, pero todas eran una propuesta alternativa por la positiva. Sólo el PCR realizó el tránsito hacia la derecha y optó por defender a la presidente, incluso atacando tanto a los Montoneros como a los partidos de izquierda, mientras que el PCA lanzó su propuesta de «compromiso cívico-militar», en la práctica llamando a una variante de golpe de estado. Ahora todos tenían una propuesta a discutir y no una versión de la época por la cual «que vaya» (¿y venga Luder?). Y aún así mucha gente se confundió ante la cacofonía de propuestas. Pero por lo menos había propuestas.

  2. Macri no quiere tierra yerma, eso es una tontería; quiere un país donde los grandes capitales concentrados mejoren sus ganancias a niveles estrambóticos. Si querés otro símil del campo, «quiere un país orégano». Hace 50 años, la derecha quería también un país orégano, con muchos puntos de contacto con los de Macri (pero no todos). Nuestra respuesta se centraba en los derechos de los trabajadores, un salario digno, y la expropiación de los grandes capitales. ¿Y ahora? Insistimos que no y que no, pero sin darnos cuenta que esa es una respuesta débil, porque no planteamos nada positivo.

  3. Tampoco quiere Macri vender el país a las multinacionales. Sobre todo porque la venta comenzó con la dictadura de Onganía (luego de la penetración en época de Frondizi), se profundizó con Videla y Viola, llegó a sus épocas más gloriosas con Menem, y se consolidó con los K. No se puede vender lo que ya está vendido. En 1973 la respuesta del PCA y de Montoneros era la defensa de las empresas nacionales; la del PRT era la expropiación y la autogestión obrera; la de Agustín Tosco está esbozada en su discurso del 1º de mayo de 1968.

  4. Lo mismo podemos decir del país para pocos. Hace mucho que es un país sólo para aquellos con plata. Esto lo planteó Martínez de Hoz hace muchos años (en 1976) cuando dijo que en el país sobraba la mitad de la gente. Hoy en día sobran dos tercios, según ellos. En aquel entonces nuestra respuesta era que queríamos un «país para todos». ¿Y ahora? ¿La inclusión de los subsidios y el desempleo permanente?

  5. La ciencia nuestra, en 1975, era la que estaba al servicio de los trabajadores y el pueblo; íbamos a villas, a zonas carenciadas, y hacíamos ingentes esfuerzos por vincular la universidad y la investigación a la sociedad. ¿Cuál es la propuesta de los investigadores del CONICET? ¿Qué sean cada vez más? ¿Para hacer qué? ¿Con qué objetivo? En realidad, que no tengan propuesta, más allá de mantenerse en los cargos, revela mucho del problema. Aunque claro, quizás es porque en 1975 los investigadores eran relativamente pocos y el organismo tenía claramente una misión gestada en torno a su función social y sus centros regionales. ¿Cómo sería un CONICET al servicio de los trabajadores? Nadie dice ni una palabra al respecto. En 1975 todos teníamos un proyecto de intelectuales al servicio del pueblo, bueno o malo, ¿y hoy?

  6. Macri quiere privatizar la educación. Y sí, más o menos como quiso Menem, De la Rúa, Duhalde y los dos Kirchner… hace cuatro décadas nuestra propuesta era que la educación era tarea del Estado y no había que tener escuelas o universidades privadas. ¿Y hoy? Es más discutíamos los contenidos y en qué dirección queríamos que fuera la educación. Leíamos sobre la educación en Cuba y la URSS, y estudiábamos las experiencias de los países escandinavos. Y tratábamos de pensar cómo debía ser una educación popular en la Argentina. Ellos hicieron lo mismo (pero estudiando las experiencias yanquis y europeas) hasta llegar al día de hoy donde la diferencia entre nuestra propuesta y la de «ellos» es que ellos la tienen y nosotros no.

  7. Hace cuarenta años toda corrupción, grande o pequeña, estaba mal. Y más aun si la ejercía la izquierda o la progresía. Y no se tranzaba en eso. Pero hoy te dicen que «ahora sí hay corrupción». Eso me encanta. Implica que antes también, pero que ahora peor. Solo un carente de materia gris y ética puede pensar que la corrupción es un problema de magnitud. O mejor dicho, sólo alguien que ha internalizado criterios capitalistas: todo empresario entiende que la coima es parte de hacer negocios, pero cuando es desmedida entonces incide en la tasa de ganancia y es un problema. En cambio, para la clase obrera la corrupción, grande o pequeña, es parte del sistema injusto capitalista donde los ricos siempre pueden conseguir por izquierda lo que no consiguen por derecha. ¿Y para los sectores medios? Solo es corrupción cuando no me dejan acceder al cargo que quiero, no cuando me beneficia. ¿Y qué hacemos? Con la denuncia no alcanza. O peor aún, con decir que hay que elegir diputados «honestos» menos aun. Al fin y al cabo es un problema de sistema no de individuos. Mani Pulite limpió y puso límites, no resolvió la corrupción italiana; las condenas en España o en Brasil no resuelven, sólo encarrilan la corrupción dentro de márgenes aceptables para el sistema. Pero no hay capitalismo sin corrupción. ¿Y entonces? Cambiar el sistema es una solución de fondo. ¿Y mientras tanto? Expropiar a los corruptos, que respondan con su patrimonio y el de sus familias, reemplazarlos con la autogestión obrera son algunas ideas.

Me da nostalgia por los 70 pero no porque quiera reeditar experiencias que fueron importantísimas y que sirven para aprender, aunque sea difícil, o imposible, reeditarlas (el mundo ha cambiado). Lo que me preocupa es que con la mera denuncia no alcanza. O aun peor, lo que hace es desmovilizar. Mi sensación es que Macri retiene altos índices de aprobación no sólo porque hay algunos grupos que claramente se están beneficiando, sino porque los contrarios se dedican a sustituir su carencia de propuestas con invectivas. Decirle «Mugricio» no logra absolutamente nada, más allá de que el dicente se sienta «piola» un rato.

Pero ¿qué nos pasa? Mi impresión es que hay varias cosas que se articulan entre sí. La dictadura no terminó en 1983, sino que sus consecuencias continúan hasta el día de hoy: gran parte de la población de la Argentina se encuentra sometida a un terrorismo de estado que le ha quitado a veces la vida, casi todos sus derechos, y por supuesto toda posibilidad de un futuro mejor. Pero más aún. La izquierda fue derrotada, y hubo un corte generacional de experiencia histórica entre los «setentistas» y los que emergieron en el alfonsinismo. Si a eso le agregamos la caída de la URSS nos encontramos con una crisis ideológica fuerte. Sin modelos a seguir, con muchos con una desconfianza grande en los trabajadores, hemos tendido a recostarnos en el «luchismo» a secas sin elaborar una visión concreta de qué hacer, cómo hacer y cómo sería ese mundo mejor. Más allá de los pobrísimos artículos (bastante derechosos también) de La Izquierda Diario sobre la guerrilla setentista, esta tenía toda una visión de cómo tomar el poder y construir una revolución. ¿Y hoy? Criticarla está bien, pero desde una propuesta superadora y no simplemente desde adscribirle «fines inconfesados». ¿Pensamos llegar al poder por la vía electoral del FIT? ¿Es eso posible? Y si no es así, entonces ¿cómo el FIT construye una alternativa de poder para la clase obrera y el pueblo? ¿Diciendo que Macri es malo malo malo?

En síntesis, no solo hay que pegarle a Macri, también hay que reconocer todo lo que hicieron los anteriores para construir el país actual, y hay que sugerir qué hacemos para hacer una Argentina mejor. Y en eso hay que comenzar por caracterizar mejor que simplemente decir «estos son malos».

Más complejo es que el nuevo gobierno representa la política del gran capital, como lo hubiera representado Scioli si ganaba el frente kirchnerista. El conjunto de la burguesía ha decidido que este es el camino, no sólo Macri: por ende, se trata de racionalizar el empleo, aumentar precios bajando el salario real, hacer «eficiente» el Estado eliminando lo peor de la corrupción y el sobreempleo. Lo notable es que Macri ha planteado que él fue «ingenuo» en creer las declaraciones de los empresarios en cuanto a inversiones productivas. Lo que en realidad quiere decir es que tendrá que hacer lo que le dicen, sin mucha capacidad de maniobra frente a la rapacidad capitalista; aunque eso le pueda costar la renuncia, como le ocurrió al presidente Fernando de la Rúa (1999-2001).

En torno al «movimiento obrero», diferenciemos éste de la clase en sí. Los sindicatos hasta ahora insisten en ser «responsables». Lo notable es que los techos salariales que los sindicalistas demandan son los mismos que en época de los K, y son los que ofrece el gobierno de Macri; y siempre inferiores a la inflación. Por debajo hay todo un descontento bastante profundo entre los trabajadores, que hoy por hoy sólo llega hasta las conducciones burocráticas, y no al gobierno, aunque puede pegar el salto. Un limitante serio es el tema del desempleo y bajos salarios. Muchos trabajadores tienen miedo de quedar desempleados porque saben que no hay red de seguridad alguna. Eso les ha permitido a los empresarios desatar una ofensiva importante, sobre todo en empresas privadas, apuntando a racionalizar, flexibilizar, y elevar la tasa de explotación mientras siguen en aumento los niveles represivos en los lugares de trabajo. En algún momento Macri y sus ministros tendrán que ver si estos burócratas les sirven, como control social, o si los pueden reemplazar sobre todo porque les cuesta controlar a sus bases, y poner coto a la izquierda que viene creciendo notablemente en esos sectores.

Macri representa la primera vez en la historia argentina que una persona de derecha, con un programa y un discurso de derecha, ha sido electa por la mayoría de la población. Hasta cobra relevancia porque los K tenían a su favor todo el aparato estatal y el clientelismo… inclusive el miedo de muchos a un gobierno derechista. En cuanto a las reformas K es discutible hasta dónde son reformas. Muchas de estas reformas están en consonancia con el neoliberalismo y, de hecho, Macri ha repetido numerosas veces que no piensa modificarlas. De hecho, son más las continuidades que las rupturas entre ambos gobiernos, y la burguesía ya ha comenzado a quejarse de populismo «cool» macrista. Ellos quieren un ajuste desenfrenado, mientras que Macri lo viene realizando mucho más lentamente. De hecho todo el tema de subsidios a desempleados y diferenciación, o segmentación, salarial ha sido mantenido por el macrismo. Donde sí hubo un cambio fue en la carga impositiva, donde para gran sorpresa de todos, se redujo la carga en los sectores asalariados medios y altos a través de una baja considerable en el impuesto a la ganancia.

¿Hubo cosas buenas entre las reformas K? Claro que sí. ¿Cuánto de todo eso va a revertir Macri? Primero debería quedar en claro que ganara el que ganara iba a aplicar medidas similares. Todos los asesores económicos proponían más o menos lo mismo. El problema es que los K llevaron el país a la bancarrota con políticas desacertadas, poca inversión productiva y niveles de corrupción altísimos. En este sentido la política de la burguesía en su totalidad es poner coto a la corrupción, achicar el empleo estatal, reducir los subsidios antes de que impacten sobre sus beneficios, y aumentar la tasa de ganancia a través de un mayor disciplinamiento laboral (o sea, desempleo). Por eso si bien Macri es minoría en el Congreso hasta ahora ha tenido pocos problemas en obtener los votos necesarios para sus leyes. Peor aún, si bien está haciendo cosas horribles, todas las encuestas le dan una aprobación de la opinión pública entre 50 y 60%. Su argumento es que los K fueron tal desastre que esto es lo único que se puede hacer. ¿Es así?

Yo creo que los K fueron un desastre pero que lo que propone Macri (un desastre pero de otro tipo) no es lo único que se puede hacer. Pero creo también que la izquierda ha sido incapaz de plantear una propuesta alternativa que trascienda al populismo conservador de los K. Por ejemplo, que se expropie a los corruptos. O, ¿por qué no planteamos subir impuestos a los más ricos, bajar el IVA, dar un aumento salarial general del 50% y congelar precios, monopolizar el comercio exterior para que el Estado pueda redirigir las ganancias en divisas hacia sectores de desarrollo productivo? Estas son algunas de las medidas que aplicó el gobierno peronista de 1973. Hay muchas cosas que se pueden plantear sin que sean una revolución socialista, sino meramente un capitalismo reformista. La burguesía se va enfurecer igual con estas reformas que con una bandera roja leninista, pero el común de la gente se verá politizada por una alternativa posible. Al mismo tiempo, nosotros no podemos aceptar ningún tipo de corrupción, y menos aún si es de los nuestros. La ética y la moral es algo clave que siempre diferenció a la izquierda de la derecha. O debería haberlo sido. Nuestra insistencia es que se juzgue bien y transparentemente. De no hacerlo así la derecha no solo tendrá en sus manos una reivindicación popular sino también un arma poderosísima para decirle a todo el mundo que somos iguales, pero que ellos son más eficientes… y lo peor es que será cierto. Si el marxismo es una guía para la acción, esta acción es un comportamiento cotidiano en torno a principios. Y si entramos en la política burguesa no es para «tener laburo», sino para plantear cosas y organizar aunque eso nos cueste el cargo de diputado.

La izquierda (o sea, nosotros) se limita a denunciar y reclamar que Macri haga otra cosa. Y éste no lo va hacer porque no puede, porque no quiere, y porque es parte de la burguesía neoliberal. A veces parece que esperamos algo que es imposible: los denunciamos por lacayos de los grandes intereses financieros, y luego les reclamamos que hagan una política en contra de esos intereses. Macri está al servicio de esos intereses, como lo están todos los políticos argentinos, incluyendo al peronismo kirchnerista. A no engañarse, el gobierno de los Kirchner jamás lesionó los intereses de los grupos financieros; al contrario, los favoreció tanto que han crecido muchísimo. Y la izquierda que diferencia entre macrismo y kirchnerismo se equivoca profundamente.

En síntesis, mi hipótesis es que los K secuestraron las banderas de la izquierda para hacer una política socioeconómica que era una extensión del neoliberalismo menemista. Y en el proceso desprestigiaron el ideario de la izquierda. Al mismo tiempo, eso se combinó con el corte de experiencia generacional que causó el genocidio dictatorial. El resultado es que buena parte de la izquierda aceptó la lógica del populismo, donde con «el luchismo» alcanza y la revolución es meter a los partidarios propios en el gobierno. El problema no es que «hay que luchar», sino que hay que generar conciencia de cambio. Y hasta ahora la izquierda no parece lograr mucho al respecto.

2 thoughts on “¿Qué le pasa a la izquierda?”

  1. Coincido en las carencias de las izquierdas para planteos que puedan llegar a la gente más también en que pedirle a Macri cambios es pedirle a los milicos que no repriman o a las mineras que no provoquen daño ecológico. El tema no es combatir a Macri, a Cristina o a Néstor sino modificar sustancialmente el sistema. No se cómo debería plantearlo la izquierda pero mientras ésta o éstas sigan pensando en el plano de lo electoral y se preocupen por qué organización llena más estadios, estamos frito. Hoy no caben dudas que la clase obrera necesita de un movimiento o frente de izquierda unificado que se complemente entre sus partes y no que se chicanee por ver quién la tiene más grande (nótese que no hablo de partido). De todos modos creo que es un problema global, de otro modo no se explican los avances de la derecha ultra alrededor del globo, con USA a la cabeza. La derrota no es solo de la izquierda argentina. Seguimos leyendo el mundo como si viviéramos en los 70 y desde la caída del muro a la fecha muchas cosas, paradigmas incluidos, han cambiado. Hoy la izquierda se preocupa más por la imagen del candidato que por elaborar una estrategia de acción unitaria contra un sistema que indefectiblemente sigue aplastando cabezas. Al tibio progresismo le caben también sus responsabilidades, esos que ven que mejor Obama que Trump, que Cristina que Macri.

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