¿Qué hacemos con el 24?

por Pablo Ernesto Suárez

El 24 de marzo de 1984, 700 personas recorrieron unas pocas calles de Rosario. Fueron desde la Plaza Pringles hasta el Concejo Deliberante. Unas 10 cuadras más o menos. Fueron por la peatonal. Por la peatonal. Dice el Anuario Estadístico que en esos años vivían en Rosario unas 800.000 personas.

Ese fue el primer acto conmemorativo del 24 de marzo. Hablaron el intendente radical Horacio Usandizaga y el concejal peronista Pedro Bluma. “Todo lo que se haga para defender los gobiernos constitucionales y la democracia es positivo” dijo el Vasco; y yo pienso que él pensaba completar la frase con algo así como “incluso esta pavada de hacer marchas”.

A la marcha del 24 de marzo de 1985 fueron 800 personas.

A la del 86 una “nutrida columna” y ya no estaba el intendente ni los concejales en su carácter de tales, quiero decir, representando institucionalmente a la ciudad.

En 2017, unas 40.000 personas fueron a la marcha. Rosario tiene aproximadamente 1.200.000 habitantes.

La asistencia a la marcha se mutiplicó por 58. Por suerte la población de Rosario en estos años se multiplicó solo por 1,5.

¿Qué pasó para que esos crecimientos fueran tan dispares? y ¿Como fue que esa convocatoria que originalmente fue un discreto acto protocolar se convirtió en la gran convocatoria de la sociedad civil rosarina de la ciudad?

Hace unos años me hice estas preguntas y aunque no las respondí, quise saber que había pasado en Rosario. Fui al archivo, como corresponde, saqué un par de fotos y las subí a 24demarzorosario.wordpress.com

Algunas respuestas para ir tirando

Los del palo

La marcha crece porque el nudo de su convocatoria es la defensa de valores que de alguna manera son aceptados como válidos y correctos por gran parte de la sociedad: el respeto a los Derechos Humanos y a la democracia. Más allá de que aún queden muchos argentinos que no terminan de tener una valoración negativa de los años de la dictadura -ni en su faz económica ni en su faz represiva- existe un consenso mayoritario en valorar a la democracia en cuanto una forma de elección de representantes.

Respecto del tema Derechos Humanos, ahí la cosa se divide un poco porque el crecimiento de ciertas formas de criminalidad violenta ha generado confusión respecto de los derechos-humanos-de-los-delincuentes. Igualmente, desde hace muchos años el tema figura en todas las currículas desde prescolar hasta la Universidad y muchos argentinos más o menos entienden lo malo que fue el terrorismo de Estado.

Señalemos que esa convocatoria se enuncia en forma negativa y retrospectiva. La marcha dice “dejamos constancia que deploramos hechos que restrinjan la democracia y los DDHH como aquellos que pasaron un 24 de marzo”. Es decir, no está asociada -por lo menos en forma directa- a la lucha por la ampliación de derechos en un accionar “a futuro”, si no a evitar la repetición.

Amenazas

Relacionado a lo anterior, podemos decir que desde 1984 hasta hoy no han dejado de ocurrir cosas que hacían dudar de la consolidación definitiva del imperio de la Constitución y de los derechos que ella consagra. La convocatoria de 1986 es bajo los conceptos de “memoria y alerta”. Recordemos que una de las consignas de esos años era “desmantelamiento del aparato represivo”. Y es razonable el miedo: 1987 Semana Santa; ahí no más las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, 1989 los sucesos de La Tablada con el consiguiente tufillo a operación de los servicios, 1991 rebelión de Seineldín luego el indulto a los genocidas, los muertos en los piquetes durante el menemismo; los muertos de diciembre de 2001; Maxi y Darío, Julio López; los asesinatos de Maldonado y Nahuel, la cárcel a opositores, etc). Mi hermano dice que algunos picos de asistencia a las marchas se deben a que estos sucesos se sentían como “amenazas” o “heridas” en el colectivo que se identifica con la causa. pero ¿con qué causa? ya veremos

Gravedad

Se construyó un discurso que traza una genealogía entre aquel acontecimiento de 1976 con cualquier otro hecho que remita a hechos de aquellos años, (Milani, Etchecolatz, intento de nuevo 2×1) pero también atentados hechos no directamente vinculados a la dictadura: a Embajada de Israel y AMIA, el asesinato de José Luis Cabezas por ejemplo. A los historiadores les gusta esto, porque además de justificar su trabajo y su utilidad pública sin mayor esfuerzo de su parte, (me refiero obviamente a los historiadores que desprecian la política actual) recuerda a quien pretenda olvidarlo, que el pasado no cesa, está entre nosotros, como una lápida o como un paraguas, cada quien dirá. Pero está.

Para dar cuenta de la influencia del pasado en el presente el campo de la militancia activa  ha construido un sistema explicativo abierto de acontecimientos y procesos con un centro claro en el 24 de marzo. Englobo acá a toda la militancia política y sindical y a quienes consumen producciones culturales que se oponen -con diversos niveles de actividad y de profundidad- a las políticas neoliberales representadas por la dictadura, el menemismo y el macrismo.

Este sistema funciona de alguna manera como el sistema solar. Como ese hecho es mucho más grande (por su tamaño) que todos los demás, ejerce una atracción determinante sobre todo el resto de los acontecimientos y procesos. Los atrae hacia su centro y los mantiene girando a su alrededor, en un movimiento perpetuo de significaciones y trayectorias independientes entre las cuales no hay colisiones, pero sí un complicado sistema de luces y sombras, ocultamientos y eclipses que se va modificando a medida que la sociedad va mutando y a medida que se incorporan nuevos acontecimientos a este grupo. Porque como vimos este sistema es abierto y cada año algún suceso puede entrar a orbitar en torno a esa fecha.

Cuando hacemos la historia de las marchas del 24 de marzo, vemos como aparecen agregándose a los tópicos clásicos y fundantes como “aparición con vida” o “restitución de los niños nacidos en cautiverio”, Obediencia Debida y punto final, indultos, etc. otros componentes que de alguna manera logran estar relacionados a este pliego: los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, el asesinato de Cabezas, las privatizaciones, la deuda externa, etc.

Vidriera

Así, el 24 de marzo es el caldero donde un sector de la sociedad vuelca todo su potencial de reclamos. No quiere decir que no se movilice por otras razones (las recientes jornadas de diciembre nos lo recuerdan) pero el 24 es especial. Y como al 24 vamos todos, las agrupaciones desarrollan el máximo de su capacidad movilizadora. Es la gran vidriera de la militancia argentina. Partidos que envían un par de militantes con una bandera a la ronda de los jueves durante todo el año, son capaces de meter 2000 o 3000 personas en un 24 de marzo. Y ojo, no me refiero a los que llevan a sus militantes “acarreados”. Me refiero a partidos con alto componente de clase media, que se movilizan en forma espontánea. Evidentemente, llevar mucha gente el 24 opera como una demostración de poder ante el resto de los partidos o agrupaciones.

Historia

Decíamos entonces que en los primeros años, las pocas personas que iban recorrían unas pocas calles. Y apenas unas pocas notas en el diario.

Las agrupaciones de Derechos humanos, alguna presencia de las agrupaciones de izquierda y algunos sectores del peronismo eran las únicas firmas y presencias en aquellas menguadas convocatorias.

El espacio en los diarios fue también muy mezquino. Esto fue así hasta el año 1993. El acto en Rosario se realizó frente a la “casa de los cieguitos” (Emilio Vega y María Ester Ravelo) usurpada por Gendarmería, con la presencia de Hebe de Bonafini además de una radio abierta en San Martín y Córdoba, donde los jubilados festejaban que la reforma previsional se quedaba sin quorum.

En el 94 aparecieron los escraches en las manos de la agrupación HIJOS y por primera vez La Capital le da lugar en la tapa y dos notas en el interior.

En el 95, más lugar en los diarios y Osvaldo Bayer en Rosario en un acto en que además, se celebra la recuperación de la casa del matrimonio Vega-Ravelo. Más de 300 personas se llegaron hasta allí.

Mala época para la causa. Todavía estamos en números muy bajos. Eran años de desánimo, con el gobierno de Jorge Obeid (PJ) privatizando el Banco de Santa Fe y el apoyo de los diputados del Tigre Cavallero (el primer intendente del PSP en Rosario, luego menemista y luego vuelto a cierto “progresismo”). Señalo esto porque estos sectores pertenecientes al peronismo y a un peronismo periférico pasarán a movilizarse por una causa con la que siempre dijeron identificarse aunque no siempre lo demostraban en las calles. Obviamente no me refiero a Rossi, Toniolli y los sectores más combativos del peronismo, que se oponían también a las políticas neoliberales.

A los 20 años se observa un crecimiento muy importante. La fuerza de los números redondos. “Una multitud colmó la plaza 25 de mayo” o sea 5.000 personas. Pero además, comienza un fenómeno que luego veremos cobrar fuerza. Explosión de expresiones artísticas. recitales, muestras de artistas plásticos y si bien no se considera una “fiesta”, comienza a trascender ampliamente la modalidad de “marcha” con oradores.

Pasamos del acto protocolar con el intendente y los concejales, a la marcha pequeña, luego marcha con oradores, y ahora marcha con festival artístico antes y durante.

5000 personas y mucho más espacio en los diarios. Eso fue el 21 aniversario. Interpreto que el proceso de movilización que ya se estaba dando en los piquetes comenzó a repercutir sobre la vieja militancia, arrojándola a las calles, además del crecimiento vegetativo de aquellos jóvenes nacidos en la dictadura que ya habian cursado sus estudios en democracia y tenían otra visión de esos procesos. Jóvenes que habían vivido de niños la experiencia Malvinas (que en cierto sentido, como vivencia colectiva fue más fuerte a nivel vivencial que la de las desapariciones masivas).

De 2001 a 2002 el salto fue importante. Con el gobierno de Duhalde recién asumido luego del desastre, 10.000 personas quintuplicó por cinco la asistencia del año anterior -entendible, si tenemos en cuenta que 2001 activó a muchas conciencias dormidas- y tras idas y vueltas en el número, los 30 años tiraron 25.000 rosarinos al Monumento en un día que era feriado por primera vez y mucha militancia identificada con el kirchnerismo le dio un carácter masivo. De ahí en más la asistencia siguió creciendo durante los años kirchneristas hasta llegar a los 40.000 de los últimos años.

En ese lapso, corrimos el riesgo de que el gobierno se convirtiera en la encarnación misma de las luchas por los DDHH. Algunos organismos se alinearon totalmente con el ejecutivo y quizás lo creyeron. Y es cierto que los gobiernos Kirchneristas le dieron un impulso fuerte al tópico -impulsandolo en las escuelas, financiando investigaciones sobre temas de memoria, derogando “las leyes”, etc.- pero es fundamental tener en claro que si la jornada del 24 sigue siendo representativa fue porque antes del 2003, un colectivo de militancia -entre los que no se encontraban muchos que luego de 2003 sobreactuaron su protagonismo- sintió que esa fecha era quizás la última bandera que se sostenía y que valía la pena sostener en las convocatorias de cada año.

El colectivo crece

Desde el grupo original -aquellos 700- muy relacionado con la militancia de los setentas y las agrupaciones de DDHH, fue creciendo por adición biológica -hijos, nietos- y por el crecimiento de las agrupaciones de izquierda y del peronismo combativo. Durante los 90s, el menemismo significó el reflujo de muchos compañeros peronistas que volvieron a las calles a partir del 2001. Su gran número, explica en parte el gran crecimiento de la asistencia a estas marchas.

¿Hacia dónde puede crecer? Los núcleos duros ya están consolidados. El crecimiento será por la expansión de los que ya están. Por ahora, no se visualizan nuevos colectivos “temáticos” por incorporar en su carácter de tal. Las grandes movilizaciones de los sindicatos, no se agregan al 24, sino que están en función de otro juego político. Las movilizaciones que más han movilizado en estos últimos años han sido las que involucran al movimiento de las mujeres: Encuentro Nacional, 8 de marzo y las manifestaciones de #ni una menos. Pero está claro que el que se moviliza por razones sindicales -que vayan más allá de conflictos locales o de gremios individuales- o por luchas del entorno feminista ya siente al 24 de marzo como una fecha suya.

La fecha

Resignémonos. No va a haber otra fecha que concentre todo esa comunidad de sentimientos e ideas. El 1ro de mayo también surgió como una referencia trágica y fue el catalizador de todos los reclamos obreros durante muchos años. Además de las 8 horas -la causa de la masacre de 1886- se movilizaba por la derogación de la ley de Residencia, la libertad a los presos políticos, “contra el fascismo”, etc.

Todos sabemos que el 24 es algo más que recordar los nefastos años de la dictadura. Hoy, por hoy, esa marcha nos convoca a protestar contra todo lo que está mal, porque datamos ahí el comienzo del llamado “neoliberalismo” y como desde ahi hasta hoy, es el enemigo a vencer, pues todo lo que se remita a ese eje del mal, entra en la volteada: privatizaciones, despidos, hambre, desnutrición, bajos haberes jubilatorios, etc. Por eso 2002 fue un gran crecimiento respecto de 2001, porque mucha gente percibió que había muchas cosas que habían tocado fondo.

El 24 de Macri

Los años macristas le han dado un nuevo carácter a esta conmemoración. Con el consenso de gran parte de nuestra sociedad, y como-quien-habla-de-otra-cosa, el gobierno está reinstalando algunos temas asociados a nuestra fecha de referencia. Al revés de lo que hacemos nosotros, que TODO lo remitimos a ese día en forma explícita, el macrismo actúa en forma elusiva: mientras actualiza el Museo del bicentenario, coloca atributos que pertenecieron a Pedro Aramburu, cuando remodela la Plaza de Mayo, saca las baldosas con los Pañuelos de las Madres; para terminar con los feriados K, se tiran el lance de suprimir el feriado del 24. Esto va de la mano con acciones directas como la provocación de Massot convocando a la reconciliación  y otras tercerizadas a la justicia como la libertad de Etchecolatz. Ya no solo el pasado está en debate, si no que la memoria está interpelada, desafiada y puesta en cuestión. Parece que el pasado se renueva, incluso para los que nos sugieren vivir en el presente perpetuo de felicidonia.

Apéndice: volviendo al título ¿qué hacemos con el 24?

En contra del 24

Al fin y al cabo, el 66 % de los argentinos nacieron después del golpe. Subamos la apuesta. Si asumimos que la memoria está siempre y que no necesitamos la cintita roja atada al dedo, no necesitamos una fecha. Decretemos el fin de la era evocativa y el comienzo de la era constructiva, en la cual la memoria sea el cimiento, una parte invisible e indispensable que permite la construcción del edificio, pero no algo con lo que chocarnos a cada paso. El 24 sólo sirve para sobredimensionar una problemática que no es tan importante ni para las mayorías ni para el activo militante. Si cada jueves van 100 personas a la plaza y el 24 de marzo van 40.000 al Monumento, estamos ante una sobreactuación que habla más de nuestro oportunismo y exhibicionismo que de nuestro compromiso cotidiano con la memoria, algo que ya podríamos ir blanqueando.

Así como la clase obrera perdió el Primero de Mayo y el peronismo perdió el 17 de octubre.

quizás esta sea otra fecha que deba perderse. Ni los trabajadores dejaron de luchar, ni los peronistas de amar a Perón.

A favor del 24 de marzo

Banquemos la fecha. Los del palo no estaremos de acuerdo en lo que queremos,  pero tenemos claro que hay cosas del pasado a las que no queremos volver. En ese sentido, el 24 demostró su fuerza abarcadora, su maternal capacidad para incorporar otras causas. Es (bien dicho está) el día de la Memoria. De la memoria lejana y de la reciente también. Del 76 para acá, todo lo malo que pasó entra bajo su paraguas. Como no vamos a tener otra fecha mejor, llenemos las plazas, metamosle fiesta, música, candombe murga y batucada, y hagámosle decir todo lo que nosotros nos parezca necesario que diga. Quien deplora las dictaduras también deplora el asesinato a periodistas, la voladura de embajadas, el encarcelamiento de opositores sin juicio cuando sea que ocurran. Aunque sepamos que no basta y que hay que militar todo el año, que explote el 24.

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