Declaración

Cataluña: la tibia amenaza de un futuro independiente

por José María Rodríguez Arias

Las elecciones catalanas dieron el triunfo a una lista que propugnaba la independencia1. Tienen mayoría absoluta si sumamos a otro grupo, este de izquierda anticapitalista, que quiere una república independiente para hoy mismo. Eso es indiscutible, como lo es también que en el primer momento, tras las elecciones, no parecía tan claro el voto favorable al «Sí a la Independencia» (no se alcanzaron los números buscados, ni siquiera la mayoría absoluta de los votos a partidos, aunque se estuvo cerca)2. También creo que resulta poco discutible que no todas las formaciones mantienen la misma posición sobre el «No a la independencia»; de hecho, uno de los partidos, si bien no la quiere de forma mayoritaria en su seno (algunos de sus diputados sí), sí propugna un referendo que deje clara la cosa3.

Todo este «previo» es para hablarles, un poco, de lo que va ocurriendo en Cataluña y cómo, creo, más parece una juego de títeres que otra cosa.

La torpeza política y el embrollo jurídico

Lo primero lo voy a dejar claro desde el inicio: no estamos tanto en un problema o cuestión jurídica como en un problema o cuestión política4. Y es en la política donde más han fallado los nacionalistas españoles (o unionistas, o españolistas o como quieran denominarlos) pues su torpeza al impedir ciertos actos políticos (como un referendo, el cual se podría haber convocado sin efecto vinculante, por parte del gobierno español, y en su día, seguramente ganado el unionismo5), o sacralizar ciertas cosas (todos los temas de los que no quieren hablar) o, incluso, poner la Constitución o las leyes como un marco cerrado e invariable (en ningún caso lo es) ha llevado a una importante parte de los nacionalistas catalanes (catalanistas o separatistas) a ver como única salida la «declaración unilateral de Independencia». Incluso, estas elecciones las plantearon como plebiscitarias (y reconocieron que no resultaron tan bien como creían).

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español, salió para defender que se usaría la ley y toda la ley, y siguió un rato, como siempre, hablando sin decir nada. Pues bien, ¿qué significa esto? Que en el fondo no quieren llegar a ningún tipo de acuerdo, arreglo y demás. Se acusa a Mas, presidente en funciones de Cataluña, de no querer nada de acuerdo, de haber forzado la máquina a esa respuesta por parte del gobierno español al plantear una serie de exigencias imposibles y no querer sentarse a rebajar las mismas. Puede que sea cierto, pero, por lo visto, si su objetivo es la independencia, puede que no fuera el peor camino a elegir. Otra cosa es ver que, en realidad, el propio Mas ha ido variando su pensamiento hacia un «mayor independentismo», que no fue su posición desde el comienzo6.

La resolución del Parlamento de Cataluña

Lo segundo es algo que me tiene algo sorprendido: cómo no declarar una independencia. Los dos grupos que suman la mayoría independentista en la cámara (JxSí y CUP)7 se han obcecado en una especie de «Construcción de un nuevo Estado dentro del Actual Estado». La resolución aprobada en el Parlamento de Cataluña el pasado lunes8 comienza declarando «l’obertura d’un procés constituent no subordinat» [la apertura de un proceso constituyente no subordinado9] y  «l’inici del procés de creació d’un estat català independent en forma de república» [el inicio del proceso de creación de un Estado Catalán independiente en forma de república]… solo declaraciones. Se insta al «futuro» gobierno catalán a cumplir ese proceso, solo hacerle caso al parlamento catalán, mientras que se insta a sí mismo a comenzar a iniciar el trámite de las leyes pertinentes (constituyentes, Hacienda y Seguridad Social)… para acabar con:

«El Parlament de Catalunya declara la voluntat d’iniciar negociacions per tal de fer efectiu el mandat democràtic de creació d’un estat català independent en forma de república, i acorda posar-ho en coneixement de l’Estat espanyol, de la Unió Europea i del conjunt de la comunitat internacional.» [El Parlamento de Cataluña declara la voluntad de iniciar negociaciones con el fin de hacer efecto el mandato democrático de la creación de un Estado catalán independiente en forma de república, y acuerda poner en conocimiento del Estado español, de la Unión Europea y del conjunto de la Comunidad Internacional.]

Luego viene un anexo con una serie de medidas que deberá adoptar el «futuro gobierno», ya sea en relación con algunos temas muy concretos (viviendas, refugiados) o la forma de actuar frente a otros (renegociar la deuda, educación).

¿Qué problema hay en esa forma de «declarar la independencia»? Que solo sería posible si el estado Español se quedara con los brazos cruzados o ayudara a este cambio, algo que a todas luces no va a pasar (al menos no con los actuales partidos mayoritarios). ¿Por qué? Primero, por la financiación de la propia Cataluña y cómo en esta autonomía se desenvuelven las fuerzas y cuerpos de seguridad. Segundo, porque no están rompiendo nada (no es una efectiva declaración de independencia, es «iniciar un proceso hacia…»); se quiere un proceso en que todos salgan con la sonrisa en el rostro sin negociar (de verdad) para ese proceso, lo que puede concluir de dos formas distintas: llenarse de leyes que son un brindis al sol (creando estructuras sin competencias o financiación real) o eternizar el proceso (las construcciones pueden ser eternas).

Lo que ha iniciado el parlamento catalán es muy distinto a la avisada declaración unilateral de independencia solicitada durante las «elecciones plebiscitarias»; deja a futuro el desarrollo de una serie de instituciones que pueden o no pueden contar con formas concretas. ¿Cómo podría ser una ruptura real? Afirmar: esto es lo que tenemos, somos independientes y esto es lo que haremos. Pero, por lo que sea (y tal vez de forma más o menos sensata) han preferido el camino de «abrir procesos» que, por supuesto, pueden no acabar o concluir con un resultado distinto del esperado. Es cualquier cosa menos algo definitivo y cerrado.

Esta forma de hacer las cosas, eso sí, abre la vía intermedia, tal vez la propugnada por otros partidos políticos (confederación o federación mediante); es cierto que los diputados hablan y aprobaron el querer llegar a una «república catalana independiente»; pero esta misma república independiente en proceso de nacer puede aparecer como «otra cosa», emerger como una nación sin Estado independiente pero dentro de una España federal y con reconocimiento de la plurinacionalidad que se vive en España.

En Cataluña se ha planteado una suerte de hoja de ruta que debería acabar con un referendo para aprobar o no todo lo hecho (un referendo sobre la nueva Constitución), con lo que se está comenzando la casa por el tejado (primero aprobamos todas las leyes de estructura de un nuevo Estado y luego intentamos aprobar si somos o no el Estado que acabamos de diseñar); en cierta medida suena a lo contrario de lo que se pretende… ¿qué pasaría si saliera un «no» a la nueva constitución de Cataluña? ¿El proceso se cerraría o se volvería a continuar hasta el «sí»? El problema es pensar que la actual configuración de la cámara permite vislumbrar un futuro claro a las leyes, pero no veo a la CUP votando por una construcción capitalista e imperialista del nuevo Estado catalán, o, por lo menos, lo veo totalmente contradictorio con sus planteamientos socialistas; será que prima el nacionalismo al socialismo y no son tan paralelos como ellos suelen defender.

Este texto, además, en sí mismo no debería causar ningún «miedo» al Estado, no declara independencia alguna. No recuerdo el nombre de un constitucionalista entrevistado en RNE que decía que esta declaración, al ser de intenciones y futuras regulaciones, era mejor ni siquiera impugnarla; en eso estoy de acuerdo, ¿de qué sirve intentar suspender y anular esa resolución del Parlamento?10 Por ahora no llega ni a papel mojado, más chicha hay en los propios planes de gobierno de las dos formaciones que han votado por esta resolución. Lo que importa será cada una de las leyes concretas, las cuales previsiblemente serán impugnadas, si eso, por contener invasiones competenciales y ni siquiera todas ellas; muchas de las leyes que puede ir sacando el Parlamento autonómico, además, pueden ser perfectamente constitucionales (por ejemplo, las dedicadas a la vivienda).

Ambos juegan a tensar la cuerda para ver quién la rompe (ese será señalado como héroe por unos y villano por los contrarios; pronto mártir de alguna causa inexistente). El resto de los pueblos (el resto de los españoles, los catalanes en concreto, y todos los residentes de cualquier origen o identidad construida) sufrirá las consecuencias de la ceguera política de unas fantasías jurídicas de estructuras de poder y dominación (esa España Grande o esa Cataluña Independiente).

Un necesario referendo (una conclusión)

Es difícil mantener el pulso que viene desde las fuerzas separatistas sin hacer absolutamente nada en el plano político, cuando la única idea es reprimir, reprimir y reprimir aún más. Cuando se cree que el «mando y ordeno», apelando al Estado de Derecho, es suficiente para acabar con lo que es un problema real (construido, si se quiere, pero real; no dejará de existir por meras prohibiciones; todo lo contrario, alimentas el odio «entre naciones»), se enquista el conflicto y aumenta su intensidad.

La solución, creo, pasa por un referendo (y así lo manifiestan otros partidos, también en las izquierdas nacionales, IU o Podemos). Si quieren, uno en toda España (porque no es una cuestión, la territorial en general, que solo se plantee en Cataluña). Si quieren, uno que solo sea consultivo, pero que nos permita ver realmente cuál es el deseo y el mandato de la gente. Aquí es donde caben pactar las mayorías de participación y aceptación de la separación (Montenegro) o las condiciones de la pregunta (Escocia) o todo eso y más cosas.

¿De verdad los nacionalistas españoles prefieren un Estado Unitario en contra de sus propios nacionales? ¿De verdad los nacionalistas catalanes o vascos negarían legitimidad a los deseos de su gente si dijeran que prefieren estar junto con España? Este referendo nos marcaría, ahora sí y con sentido, la hoja de ruta sobre qué se debe negociar o construir o rehacer.

Las izquierdas y la cuestión nacional -saliéndome del tema-

A veces nos sumamos con mucha alegría a cualquier movimiento nacionalista que luche contra un Estado imperialista. Creemos, sin análisis fuertes, que estamos ayudando a la emancipación de un pueblo y con ello llegaremos a la emancipación de una clase. Esto está lejos de ser cierto, como las propias independencias de los estados americanos han demostrado. Si saliera una Cataluña independiente pero dentro del entramado capitalista mundial (perteneciendo a la UE, siendo parte activa del FMI y demás), ¿qué ha ganado el pueblo catalán? ¿Qué ha ganado el movimiento obrero en Cataluña con ese cambio?

En Cataluña hay dos fuerzas izquierdistas claramente independentistas. La CUP dentro del socialismo y ERC dentro de una izquierda más moderada (al punto que ERC sí fue de la mano con los conservadores de CDC en JxSí). Dentro de las otras fuerzas izquierdistas (que ahora se presentaron en ese batiburrillo que fue CatSíqueesPot) o de centro izquierda (contando la escisión del PSC), el nacionalismo catalán es fuerte aunque no necesariamente rupturista (digamos que no verían mal la independencia, pero tampoco ser un Estado Libre Asociado o formar parte de una Confederación, entre otras fórmulas que, eso sí, superaran el actual Estado de las Autonomías). Con lo que hay todo un movimiento que, desde la Izquierda, quiere la separación11. ¿Esa separación o independencia traerá ventajas a la clase trabajadora? ¿Supone la emancipación nacional una victoria de la clase obrera? ¿El fin de la opresión?

No faltan voces desde estas izquierdas nacionalistas que hablan de ayudar a la revolución luego en España, como compañeros de clase12; así pues, es bueno, o al menos mejor, el que una parte haga su revolución en su nación, declarándola independiente, gracias al apoyo que se da o que se ha dado a las burguesías nacionales para poder establecer un Estado independiente (una república con democracia formal y capitalista). Se suele aplicar a las situaciones actuales (en el caso de España) otras ya pasadas, donde existía un interés de la burguesía nacional por librarse del yugo del imperialismo extranjero (normalmente colonizador, ya fuera en el sentido estricto ya en el económico), pero en casos como el de España, las burguesías nacionalistas (sean unionistas o no) están todas felices por el marco internacional dado por la globalización y por estar supeditados a macroestructuras económicas del imperialismo. ¿Qué se gana con esas independencias? Esto para los casos de los partidos o movimientos socialistas, puesto que esta crítica no la hacen las izquierdas o pseudoizquierdas que son capitalistas (llámense socialdemócratas o como quieran); en estas otras izquierdas, prima la idea de poder controlar mejor los agentes en el nuevo Estado naciente para poder desarrollar ese estado de Bienestar propio de las socialdemocracias, olvidándose de cómo se está generando un «pez pequeño» más fácil de devorar o, en el mejor de los casos, igual de fácil13.

Si mantenemos las estructuras de dominación propias del capitalismo, el generar estados-nación nuevos no soluciona nada ni mejora el marco de lucha de la clase trabajadora; es, en general, perder el tiempo en crear estructuras que simplemente reemplazan al amo en vez de luchar por derrocar al que tengamos; equivocamos «el enemigo». Hay muchas luchas locales que responden a otras realidades donde podemos ver que la opresión nacional (de un Estado-nación contra los pobladores de otra nación) sí es total o directa, y es más fácil que, en todo caso, nos coloquemos al lado del oprimido porque existe una urgencia en la elección de bandos; pero ni siempre hay esta urgencia (los casos en España, en Canadá, en Reino Unido, en… son todo menos de opresión de un pueblo sobre otro; sí, en cambio, existe la opresión de una clase sobre otra), ni toda «lucha nacional» es por sí misma emancipadora y buena para un pueblo concreto.

Lecturas recomendadas

Para acabar con esta parte, una serie de textos sobre el tema desde unos prismas libertarios [todos consultados el 11/11/15]:

Notas al pie:

1 En nuestra web hermana: «Cataluña (España): gana la coalición independentista (actualizado al 99,67%)» [consultada el 11/11/15].

2 Es interesante ver cómo algunos políticos y analistas políticos han descubierto que tener la mayoría de escaños en una cámara no es sinónimo al apoyo social (votos sobre electorado) o siquiera a la mayoría absoluta electoral (votos recibidos sobre los válidos emitidos), esos mismos políticos del PP o sus analistas han estado cuatro años machacándoos con que el PP tenía mayoría absoluta y podía hacer los cambios legales que quisiera gracias a dicha mayoría; bien, aplicando el cuento (53,14% de la cámara conseguido gracias al 44,63% de los votos válidos o al 30,37% de los votos sobre el censo electoral) el PP no debería haber aprobado muchas de las reformas, contando la última del TC que ahora quieren forzar a que se aplique para inhabilitar políticos en Cataluña..

3 Otro, el PSC, pide un cambio constitucional profundo y federal. No es un «No y seguimos como estamos», es un «No» con muchos más matices que el «Sí» (que tiene dos: capitalista dentro de la UE y anticapitalista fuera de la UE). Sobre este tema hablé en: «Sobre el sí y el no en Cataluña, el mundo de los matices» [consultada el 11/11/15]. Después de publicar la nota escuché unas declaraciones de unos de los representantes de «Catalunya Sí que es pot» pidiendo que no se les contara ni en el «sí» ni en el «no».

4 Una nota escrita antes de las elecciones sobre el tema: «Independencia de Cataluña: no es tanto un problema jurídico como uno político» [consultada el 11/11/15].

5 Incluso con mayor margen que lo ocurrido en Escocia. Por cierto, en el vecino del norte, el «unionismo» ofreció más autonomía a cambio de que se quedaran, y fue determinante para variar la postura de unos cuantos votantes, mucho más que el discurso del miedo, único que parecen conocer los nacionalistas españoles.

6 Simplificar el cambio como «quiere la impunidad de su partido, del 3%» y «es todo por el poder» creo que resulta de un facilismo patético que en nada ayuda al diálogo sano.

7 El líder de Ciudadanos planteaba que el panorama sería otro con una ley electoral más justa… no es exactamente cierto en el caso catalán, como revisé en: «Parlamento catalán 2015: jugando con los resultados» [consultada el 11/11/15].

8 Resolución 1/XI del Parlamento de Cataluña, publicado en el Boletín Oficial del Parlament de Catalunya 007/11 (enlace el boletín, PDF del número concreto, consultado el 11/11/15).

9 En el punto seis se explica que no se está subordinado a lo que diga el Estado español o el TC en concreto, al que se le reprocha la sentencia sobre el Estatuto, emitida en 2010.

10 Más bien, llevarla tan pronto al Constitucional, como ha hecho el gobierno, es tirar leña al fuego. Llevan cuatro años alimentando a su enemigo.

11 No solo en Cataluña, también en Navarra, País Vasco, Galicia, Andalucía, Castilla… en España existe una suma de fuerzas nacionalistas con un programa izquierdista bastante claro. Esto se debe, en gran medida, a que la identidad de la nación española se ha forjado, en el último siglo, desde la extrema derecha.

12 «El sujeto revolucionario llamado a superar esta situación es la clase obrera vasca con imperiosa unidad con el resto de la clase obrera del conjunto del Estado» de Kimetz. Bastante interesante una nota de este año: «Polemizando sobre la cuestión nacional» [ambos enlaces consultados el 11/11/15]. En el peor de los casos, se menciona de forma genérica, como en su día hizo Ibil al declarar, dentro del punto del Internacionalismo, que: «El mayor deber internacionalista de la Clase Obrera Vasca es llevar a cabo la Revolución Socialista en Euskal Herria, y con ello ayudar y defender las luchas revolucionarias de las demás Clases Obreras».

13 Cuando se ponen de ejemplo pequeños Estados que viven realmente bien (Mónaco, Luxemburgo, entre otros) se olvida que estos son la antítesis de lo que quiere el movimiento obrero: no podemos convertirnos en Estados paraísos fiscales para que una clase viva bien con la explotación del resto del mundo.

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