Biden internacional

Biden, China y América Latina

por Pablo Pozzi

Una vez terminada la elección norteamericana la gran pregunta para los latinoamericanos, o por lo menos para sus gobernantes, es qué significa en términos de la política para América Latina. ¿Va a ser mejor Biden que Trump? La respuesta implica bastante especulación, aunque ya hay muchas pistas sobre todo a partir de las declaraciones de los asesores de Biden para política exterior.

Biden, que suponemos será el nuevo presidente, se ha rodeado de diez asesores en política exterior, que probablemente integren los principales puestos del nuevo Departamento de Estado. Ellos son:

William Burns, especialista en el Cercano Oriente, fue el segundo al mando de la política exterior de Obama. Hoy en día es el director del Carnegie Endowment for International Peace, organización que se encuentra detrás de toda la política exterior norteamericana desde 1910 hasta la actualidad, excepto durante la presidencia de Trump.

Wendy Sherman, subsecretaria de Asuntos Políticos bajo Obama, especialista en los acuerdos nucleares con Irán y Corea del Norte.

Tom Countryman, subsecretario de Estados en Asuntos de Seguridad Internacional de Obama, y presidente de la Asociación para el Control de Armamentos.

Anthony Blinken, especialista en Europa del Este y China, fue segundo del Asesor de Seguridad Nacional de Obama, y es cofundador y dueño de WestExec Advisors una empresa que se dedica a «facilitar» la negociación de contratos entre diversas corporaciones y el Pentágono.

Michele Flournoy, subsecretaria de Defensa en Asuntos Políticos, fue la principal arquitecta de la escalada de la guerra de Afganistán, y de las invasiones en Libia y en Siria. Trabaja con Blinken en WestExec y tiene su propia compañía: Center for New American Security, que asesora al complejo militar industrial.

Nicholas Burns, embajador en la OTAN en el gobierno de George W. Bush. Es uno de los «halcones» más conocidos con relación a Rusia y China.

Avril Haines, abogada, es la que desarrolló la doctrina legal que permitió el uso de los drones de Obama.

Samantha Power, Director de Derechos Humanos del Concejo de Seguridad Nacional de Obama, que apoyó las invasiones de Libia, la guerra de Yemen, y la política israelí en Gaza.

Jake Sullivan, antiguo asesor de Hillary Clinton para las guerras de Siria y Libia.

Susan Rice, Asesora de Seguridad Nacional de Obama, postula que Estados Unidos tome una actitud más agresiva frente a Rusia y China.

Entre estos asesores no hay progresistas y tampoco moderados. De hecho, sus principales asesores en política exterior pueden ser todos denominados «halcones». Es notable que han servido en los gobiernos de Obama y también en los de George W. Bush, y que todos están vinculados al complejo militar industrial y a diversas propuestas de intervención militar en el mundo. En todos los casos, su eje central es revertir el deterioro del poderío mundial norteamericano, enfrentando «con decisión» al «expansionismo ruso y chino». Al mismo tiempo, no hay especialistas en América Latina o África. Todos ellos concentran sus conocimientos en Rusia y China, e indica que el subcontinente no va a ser prioridad para el nuevo gobierno, excepto en aquellos aspectos donde impacta en el conflicto central: la disputa por el poder mundial entre Estados Unidos y China. Esto último es central para América Latina.

En un artículo publicado en 2018 por Foreign Affairs, el vocero del establishment en política exterior, Kurt Campbell y Ely Ratner, que colaboran con los que asesoran a Biden, insistieron que el partido Demócrata debe tomar una postura más confrontativa con China. De ahí que el mismo Biden insistió que «tenemos que ponernos duros con China […] que nos sigue robando tecnología y propiedad intelectual.» Luego declaró que el presidente de China, Xi, «es un matón».

Durante cuatro años, tanto los problemas internos de Trump como su énfasis en China, y su esfuerzo por separar esta nación de Rusia, implicaron que prestó poca atención a América Latina. No podemos esperar que esto continúe en el nuevo gobierno. Es más, no importa lo que piense Biden, su política exterior la harán sus asesores. En ese sentido podemos esperar una cantidad de iniciativas que refuercen la presencia norteamericana al sur de Tijuana.

La forma que los asesores de Biden ven al mundo actual impacta fuertemente en su análisis de América Latina. Dan Erickson, uno de los asesores para la región, declaró que «el gobierno de Trump fue disruptivo de las relaciones con América Latina […] deberíamos capitalizar la buena relación del pasado para volver a organizar al continente». ¿A qué se refiere? Sobre todo, dada la turbulenta intervención norteamericana en los países al sur de Tijuana. Más aún si pensamos que Biden fue uno de los arquitectos del Plan Colombia durante el gobierno de Bill Clinton. En realidad, su preocupación no es la «turbulencia social y económica», más bien estaba haciendo referencia al aumento de la influencia china y rusa en la región. Clave en esto sería el «Plan Biden para Centroamérica» cuyo objetivo sería actualizar la Alianza para la Prosperidad que anunció Obama en 2015. Si bien no hay detalles del nuevo Plan, la Alianza destinaba 4 mil millones a «combatir la corrupción» en «nuestro hemisferio», e incluía 750 millones para «apoyar a las fuerzas policiales».

Esto va a implicar una serie de problemas, sobre todo porque los países latinoamericanos han profundizado sus relaciones con China, que se ha convertido en uno de los principales mercados para la región, ya que está en crecimiento. Por ejemplo, en 2019 el 32 % de las exportaciones chilenas, el 29 % de las peruanas, el 28 % de las brasileras, el 27 % de las uruguayas, y el 10 % de las argentinas fueron todas a China. Y esto puede aumentar ya que hay numerosos nuevos acuerdos comerciales siendo discutidos entre la región y China. Ni hablar que se estima que, pandemia mediante, la economía china va a crecer este año 5,2 % mientras que la norteamericana se va a contraer entre 8 y 10 %. Asimismo, China ya ha firmado varios acuerdos para invertir millones de dólares en el subcontinente; por ejemplo, en la compra del 49 % de la empresa nacional que produce el litio de Bolivia, y 600 millones de dólares en la refinería petrolera de Dos Bocas en México. En contrapartida Estados Unidos ha comprometido 400 millones para desarrollar una «carretera de litio» entre Argentina, Bolivia y Chile. Una sola inversión china en México es 50 % mayor. Ni hablar de acuerdos culturales y diplomáticos.

La exembajadora en Montevideo, Julissa Reynoso, que también asesora a Biden sobre la región, declaró que América Latina «no es un único problema» sino múltiples. Lo interesante es que esta asesora considera la región como «problemas». Asimismo, Michael Shifter, del InterAmerican Dialogue, especificó que los gobiernos latinoamericanos tuvieron «pases libres» bajo Trump, «y ahora no los tendrán más». Es indudable que el establishment en política exterior norteamericana considera que se ha debilitado su dominación sobre América Latina, y de que se trata de volver a imponerla con toda la fuerza y decisión posible.

En ese sentido debería quedar claro que la política norteamericana hacia América Latina no será uniforme durante el gobierno de Biden. En el caso de Venezuela es casi indudable que continuarán con las sanciones y hostigamientos comenzados por Obama y continuados por Trump. Asimismo, según Benjamín Gedan, un latinoamericanista del Concejo de Seguridad Nacional, Biden no intentará ningún tipo de aproximación «con los dictadores de Managua o La Habana». Una diferencia con Trump será que es probable que retorne a una política que alterne hostigamientos con una lenta apertura controlada hacia Cuba, como forma de ir agudizando sus contradicciones y empujando al gobierno de Díaz Canel hacia más «reformas de mercado». En el caso de México un retorno a las políticas de la era Obama implican profundizar la persecución de trabajadores indocumentados. Más allá de la retórica, según del Departamento de Homeland Security, Obama deportó muchos más migrantes que Trump, y construyó 100 veces más kilómetros de muro con México. En cuanto a Brasil, Biden ya indicó que aumentará las presiones con relación a la deforestación de la Amazonia, las políticas energéticas, y las relaciones con la Unión Europea (en particular se opone a la posibilidad de la creación de acuerdos aduaneros entre ambos).

¿Qué hará Estados Unidos frente a este aumento de la influencia de su rival en el continente? Biden ya dijo que desea «restaurar el orden liberal internacional», o sea, el poderío norteamericano. En el caso de América Latina esto significa que los gobernantes se deberán enfrentar a un intervencionismo norteamericano cada vez mayor. Comerciar con China, o con Rusia, tendrá sus costos. Al mismo tiempo, Estados Unidos no tiene la posibilidad, debido a su crisis económica causada por la pandemia, de ofrecerse como alternativa comercial. Por ende, como no puede ofrecer la «zanahoria» deberá recurrir cada vez más al «garrote».

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