Juramentación de gabinete el 29 de julio (Perú)

Castillo: empieza con mal pie

por José María Rodríguez Arias

A toda persona que asume la presidencia hay que darle cierto cuartelillo, esos días de cortesía para que monte su plan de forma correcta y coherente, siempre vigilantes con lo que hace, pero sin la censura desde el momento cero… pero voy a admitir que Castillo empieza con mal pie. Muy mal pie. En su discurso tuvo algún anuncio interesante, nada mucho más allá de lo que fue la campaña y poscampaña electoral, tal vez el giro más efectista fue anunciar el abandono de la casa de Pizarro, el Palacio de Gobierno, como sede del ejecutivo. Es un gesto interesante en un país aún anclado en su pasado colonial, pero, por ahora, solo un gesto.

Ahora bien, su primer discurso ya tuvo el militarismo que las izquierdas deberían rechazar de plano como algo presente. Anunciar que quienes no estudien o trabajen irán al servicio militar, no solo es un insulto para cualquier pacifista (es dar poder al ejército) sino uno también al ejército (como refugio de «vagos»). Es una medida peligrosa, que no entiende las dinámicas ni las causas de por qué una persona joven anda «sin hacer nada», donde quienes tienen plata podrán zafarse del problema (inscribiéndose en cualquier institución educativa de pago) y castigando a las clases populares.

Juró el gabinete casi al completo el 29, suena raro que no se hayan determinado el Ministerio de Economía y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos junto con el resto; el viernes 30, a última hora, juraron los titulares que faltaban.

Que Pedro Francke ocupe el MEF es un gesto doble, por un lado, hacia los partidos aliados durante la segunda vuelta (no olvidemos que era el economista de cabecera de Mendoza) y, por otro, una especie de paños calientes para tranquilizar al sistema económico liberal. Francke es muchas cosas, pero está lejos de ser un comunista ortodoxo o algo por el estilo; además, ya ha trabajado bastante en la administración pública, no es un «novato» (aunque por primera vez sea ministro). Francke, durante toda la campaña de la segunda vuelta, hacía de voz de la tranquilidad atenuando determinadas políticas posibles de Perú Libre, al punto que más de uno de PL recordaba que Francke no era de su partido y no hablaba en su nombre; pues ahora es el MEF. Digamos que, siendo generosos, con esto la política económica sería más a lo Lula y menos a lo Chávez.

Lo de Aníbal Torres en Justicia fue un tanto extraño, según él, llegó a Lima para arreglar algunas cosillas legales y no para reemplazar al recién juramentado Primer Ministro. Este veteranísimo abogado, mientras decía que su labor estaba acabada tras la jura del gabinete el 29, fue nombrado ministro de Justicia. ¿Se le convenció a última hora? Parece que sí. Sin dudas, es alguien que conoce el sistema al dedillo.

Los problemas en el gabinete, además de ese extraño de los nombramientos (¿dos días para esto?), se encuentran desde la cabeza del ejecutivo: Guido Bellido Ugarte. Posiblemente sea el ejemplo de todo lo que está mal en Perú Libre, el machismo del partido, la homofobia, el alejamiento de la razón. Lo siento, yo no veo el problema con Bellido y Sendero, la verdad, pero todo lo demás que le rodea está mal y es, posiblemente, el nombre que más confrontación puede ocasionar con el Congreso. El presidente del Consejo de Ministros es un puesto clave para tender puentes y con este nombramiento lo que hace es dinamitarlos.

Es raro que un partido sea incapaz de encontrar mujeres válidas para puestos importantes, salvo que no se hayan dedicado ni diez minutos a mirarlas; y esto se debe a que en su propia estructura la mujer no tiene presencia, claro. Y así tenemos uno de los gabinetes menos paritarios en mucho tiempo.

Durante la campaña, Perú Libre ha tenido múltiples metidas de pata con respecto a la mujer (no es raro, no entienden lo que es el feminismo); su rival, el fujimorismo, también es un partido profundamente machista y homófobo, pero eso no da ningún tipo de carta blanca por ser de «menor intensidad» en cuanto a esos dos apartados. En todo caso, a Castillo le tocaba remar en contra de esa imagen de partido machista desde el primer momento… y ha decidido hacer lo contrario: demostrar lo que es el techo de cristal y cómo su partido lo mantiene.

Se repartieron 19 cargos, ¿cuántas mujeres? DOS. Algo menos del 10,53 %. Las titulares del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social del Perú y del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables; ambas carteras habitualmente dejadas en manos de mujeres. Para más inri, una de las mujeres nombradas ministras es la vicepresidenta de la República, o sea, ni tuvo que buscar fuera de la candidatura presidencial.

Cuando se junten a deliberar, en la mesa habrá 20 personas, de las cuales solo 2 tendrán una visión no patriarcal. El movimiento se demuestra andando, el compromiso desde los nombramientos y así lo ha hecho en varias carteras, varios cargos… menos en lo que supone la agenda feminista. Mucho habrá que reclamar a este ejecutivo para que se lo tome en serio. (Tampoco es raro, su discurso no fue inclusivo en cuanto al género, como sí lo fue en otros ámbitos).

Iber Maraví Olarte como titular de Trabajo… aunque ha sido secretario regional del SUTE en Ayacucho, está lejos de ser un perfil sindical que, la verdad, esperaba en un gobierno de quien es conocido por las huelgas docentes de hace unos años.

Los otros gestos hacia aliados en la segunda vuelta, además de Francke, están en el nombramiento de Ciro Gálvez y en Roberto Sánchez Palomino. El primero como ministro de Cultura, líder de Renacimiento Unido Nacional, fue candidato a la presidencia del Perú. El segundo como ministro de Comercio Exterior y Turismo del Perú, él es el presidente de Juntos por el Perú y actualmente desempeña como congresista por parte de esta formación.

Esta es la primera vez que no hay exministros de otros gobiernos repitiendo cargo o presencia en el ejecutivo; a duras penas hay gente con cargos previos de elección directa o popular (unos pocos son o han sido congresistas; y ninguno de larga trayectoria).

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1 comentario sobre «Castillo: empieza con mal pie»

  1. Gracias por poner negro sobre blanco la figura de un presidente que, al menos en Argentina, es aplaudido por cierto progresismo. La verdad es que el tema del servicio militar hace mucho ruido desde el vamos. Y bueno, los límites eran previsibles. Y es el problema de seguir creyendo que votar por el mal menor nos va a conducir a buen puerto. El mal menor aunque menor, no deja de ser un mal que puede, con el tiempo, convertirse en un mal mayor.

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