España: ¿rumbo a las terceras elecciones?

por José María Rodríguez Arias

Llevo unos cuántos días queriendo hablar un poco de la investidura y todo lo que rodea el circo en el que vivimos, pero los acontecimientos, en general, sobrepasan mi capacidad de poder explicar algo medio coherente y, sobre todo, de poder plantear posibles soluciones a lo que ocurre. (A decir verdad, algo puse sobre el acuerdo PP-Ciudadanos en mi bitácora, concentrado en la materia laboral). Para todos esos lectores de lares distintos a España (o los de esta tierra pero que han tenido a bien no seguir las noticias durante su descanso estival), un breve resumen «a mi manera» del tema de la investidura:

  • El sistema es parlamentario, significa que al presidente del gobierno lo elige el Congreso de los Diputados (en el primer párrafo de un artículo pasado ya expliqué el proceso, por si les interesa);
  • Esta vez, con cierto condicional, el partido que ganó las elecciones (el Partido Popular) decidió presentar un candidato a la investidura;
  • Tras dilatar mucho el tema de los pactos (incluso, Rajoy hizo esperar una semana a Ribera para saber si comenzarían o no a negociar), el Partido Popular fijó el inicio del debate para el 30 de agosto (lo que significa que si se vuelven a disolver las Cortes -las dos cámaras del parlamento español- las elecciones serían el domingo 25 de diciembre); voy a destacar esto: el PP fijó la fecha del debate y, con ello, las posibles próximas elecciones;
  • El Partido Popular firmó un pacto con Ciudadanos (150 puntos) y consiguió el apoyo de sus dos aliados (FAC y UPN, con los que se presentan en coalición en Asturias y Navarra, respectivamente) y de Coalición Canaria; en total sumaron 170 escaños. La vez pasada, el PSOE también pactó con Cs y tuvo el apoyo de CCa;
  • El resto de la cámara mantuvo el «no» a Mariano Rajoy, quedando ambas votaciones 170 a 180;
  • Ahora toca que otro se presente (a propuesta del señor Rey de España, que dice que los políticos hablen antes) o que se disuelvan las cámaras y haya nuevas elecciones.

Voy a recordar, además, algunas cosas que me parecen relevantes: la vez pasada se acusó a Sánchez de hacer un paripé y presentarse a una investidura sin los apoyos suficientes; esta vez quien lo hizo fue Rajoy y todos -los medios que están con él, que por lo visto son la práctica totalidad de los impresos y televisiones en abierto- han aplaudido su determinación; esa acusación vino del propio PP… También ha cambiado un poco la responsabilidad: en la anterior investidura, el que fracasó fue Sánchez y el responsable de todo también él (por no conseguir los apoyos suficientes); en esta, el que fracasó fue Sánchez porque ha dicho «NO a España», como tituló un medio de tirada nacional. Esto es, la vez anterior Rajoy no fue responsable de nada y esta tampoco… Si lo que quieren es indicar que Rajoy, en el fondo, es un irresponsable, estoy de acuerdo.

Tras la investidura fallada, sabemos que un exministro se va con un puestazo al Banco Mundial; este sujeto dimitió por: a) mentir sobre sus cuentas en el extranjero; y b) tener cuentas en paraísos fiscales y, por lo visto, no haberlas declarado en España -eso aún está en proceso-. Excusan el envío porque él lo solicitó, es funcionario y no está imputado. Incluso han insinuado que no enviarle sería ilegal… no, señores, no nos tomen el pelo así; lo que sería ilegal sería no contestarle al requerimiento, pero sigue siendo un cargo de confianza y mandan a un redomado mentiroso que tuvo que dimitir del gobierno para que el escándalo no creciera. Ese es el PP que tenemos, en el fondo nada cambia el que esté o no en funciones.

Ahora al lío: Unidos Podemos (que es Podemos más IU más otros partidos de gran importancia autonómica) presiona al PSOE para que presente un candidato; el del PSOE insta a Ciudadanos a sumarse y hacer una suerte de «tripartito del cambio», sin querer decir que se está presentando (Sánchez hará contactos «sin comprometerse a nada»), pero Cs se niega pues el matrimonio con Podemos les disgusta más que apoyar al mismísimo Mariano Rajoy (importante: Albert Ribera se pasó hasta casi la misma semana del pacto diciendo que Rajoy no podía ser presidente nuevamente, que era lo peor de lo peor para España; al final le votaron «por patriotismo»). Tampoco podemos obviar que Podemos medio veta a Ciudadanos (distintas intensidades según el partido del conglomerado de Unidos Podemos) y lo relega a apoyar con la abstención o a sumarse a lo que otros hagan.

Cualquier cosa que intente el PSOE va a contar con el «no» del PP (igual que al PSOE no se le puede pedir que apoye al antogonista -al menos no fuera de una «gran coalición»-, al PP no se le puede exigir la abstención o voto favorable), y si Ciudadanos mantiene su postura (por una vez), también se negará a apoyar algo donde jueguen Podemos y aliados un papel relevante. Con lo que tendríamos a un PSOE que cuenta, sumando aliados naturales (NC) y extraños (Compromís, IU, Podemos, mareas…), con 156 escaños, lejos incluso de contrarrestar los «noes» de Ciudadanos y PP (169); necesita, por tanto, al menos 15 votos favorables más para poder superar a la derecha nacional. Ni siquiera le basta con la derecha autonómica (CCa, PNV y PDC, 14 entre los tres).

¿Un acuerdo PSOE-Cs tendría más apoyos que los propios? No. Y ahora no llegan ni a superar al PP de esta manera. Además, Ciudadanos ha dado muerte al pacto con el PP pero no está dispuesto a un gobierno que sea apoyado por Podemos o por los nacionalistas no españolistas, esto es, algo imposible. Cs, partido que se presenta como «del cambio», está haciendo lo imposible para que Rajoy permanezca donde está. Lo único posible para que el PSOE gobierne sería un PSOE con Podemos y el apoyo de otras formaciones, como ERC, PNV, PDC… todas ellas guiñaron el ojo al PSOE para que se presente, pero pusieron caro su voto; vendría bien al menos, de todas formas, la abstención de Cs para no forzar mucho la cosa, pero es imposible que si el pago es un referendo (pedido por ERC claramente), Cs acepte algo distinto al «no». La otra es que Pedro Sánchez vea el negro panorama y tras las elecciones de Galicia y País Vasco (fines de septiembre) acepte abstenerse (o que algunos de sus miembros lo hagan o se ausenten el día en que se vote por Rajoy)… o que el propio PNV cambie de opinión (5, empate entre bloques) y eso haga ver a algún otro diputado (¿NC?) que mejor se abstiene o ese día no acude al hemiciclo.

Muchos políticos y opinólogos se están refugiando en que partidos como el PSOE no «han entendido» lo que ha votado la ciudadanía, que los españoles han votado para que el PP pacte con otras fuerzas… este es el argumento del propio PP cuando insiste en que le «dejen gobernar» porque ha ganado (y con mejor resultado que la vez pasada), que lo único que ahora se le puede exigir es que pacten algo. No, señores, así no es como se vota. Dudo mucho que los votantes del PSOE, sin ir más lejos, quisieran un gobierno de Mariano Rajoy (aunque ahora estén -muchos- de acuerdo con la posibilidad de un pacto con el PP como mal menor antes que la repetición de elecciones); dudo mucho que incluso los de Cs, que Ribera se pasó toda la campaña demostrando claridad diciendo que votaría que «no» al PP, en concreto a Rajoy, porque se necesitaba un cambio, quisieran ver gobernando al mal de males que señalaba su líder (aunque estos me resulta más lógico que vean bien un pacto con el PP, no así con Rajoy). Dudo mucho que los votantes de Unidos Podemos estén cómodos sentados, viendo como el resto pacta entre sí ninguneándoles y, cuando se les menciona, poniéndoles como una peste a la que solo votan los «malos», que dijo (y suele decir) el propio Rajoy. Sobre este tema hablé en «El problema es que realmente no gustan las elecciones».

Retomando la idea anterior: los ciudadanos no montamos una asamblea para armar el resultado final del Congreso de los Diputados, votamos cada uno por la victoria de los nuestros y las promesas que hicieron (donde la mayoría incluía «echar al PP»); y jamás ha bastado con que el primer partido diga «yo gané las elecciones, merezco que el resto me voten» (el segundo siempre votó en contra del primero); el propio PP recordó que Rodríguez Zapatero gobernó con menos diputados que la suma de PP con Cs y CCa (y los otros dos), es cierto, como lo es que en esa investidura el PP votó en contra; si fueran coherentes con lo que ahora dicen (esto es, si fuera una idea básica, sensata, de ciudadanos buenos y demócratas, como ahora venden la «necesidad» de la abstención del PSOE), si realmente creyeran ese discurso, el PP se habría abstenido entonces o en todas las ocasiones que ha quedado segundo y ha insistido en votar en contra del ganador; o, al menos, pediría disculpas por no haberlo hecho entonces (si es un cambio a futuro).

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