¿Quieren saber qué pasó hoy? Léanse el anterior diario de sesiones

por José María Rodríguez Arias

Arrancó una nueva sesión de investidura, la segunda de Mariano Rajoy esta legislatura. Creo que el título de esta nota, una broma descontextualizando y parafraseando a Mariano Rajoy, presidente en funciones y pronto presidente a secas –bueno, no, que es «del gobierno»–, con eso de «pueden ir al Diario de Sesiones del anterior discurso de investidura» que en un momento soltó para dejar claro que sería una intervención corta porque, en el fondo, ya lo había dicho todo en agosto, no es la mejor forma de iniciar un artículo serio… pero es que con esa frase no miente y no es equívoca: básicamente ha ofrecido lo mismo. Los pactos se repiten –con Coalición Canarias y con Ciudadanos–, aunque esta vez no hubo foto –nota: en los mentideros se dice que Ciudadanos pidieron una foto entre los dos jefes, reafirmando un pacto que dieron por muerto tras la investidura fracasada de hace unos meses y que el Partido Popular les dijo que no era necesario, que llamaran otro día, si eso–, los partidos implicados dan por bueno el acuerdo pasado –Ciudadanos saca pecho de que ellos han acordado 150 medidas y el PSOE ninguna–. No, no es nada nuevo que ante el parlamento el líder de un partido diga que quiere pactos –algo que nunca ha cumplido y que ya avisa que de derogar, nada– ni es nada nuevo el triunfalismo del PP sobre el empleo o la corrupción –en serio; pueden leer todo el texto aquí–. ¿Cómo es que no estamos, entonces, ante una nueva investidura fracasada y rumbo a votar en diciembre?

El portavoz de Podemos, en el momento de «reacciones», destacó que en Rajoy nada había cambiado, que era el PSOE el que había modificado su postura y hacía viable un nuevo gobierno del PP. Esta sensación se repitió en varios de los portavoces de los distintos partidos y, básicamente, es el resumen de la situación: el PSOE ha preferido cambiar su postura a repetir elecciones. Ojo, es importante entender que ha sido el PSOE como partido y no como Grupo Parlamentario. Es el PSOE el que se ha estrangulado a sí mismo –un triple no imposible de cumplir se impuso a Pedro Sánchez, anterior líder–… pero lleva tiempo en ello, no sé por qué me sorprendo.

El tiempo, que gusta de recrearse y pasar de forma constante, dio dos golpes al PSOE en las elecciones recientes. El PP salió reforzado en Galicia y en el País Vasco ganaron los que llevan años ganando, siendo los dos partidos mayoritarios a nivel nacional más bien intrascendentes –cuarta y quinta fuerza… aunque el PSE-EE pactará con el PNV, pero ese buen rollito lleva tiempo, aunque tuviera sus menos en algún punto medio reciente–. No es que fueran resultados sorprendentes ni especialmente buenos para el PP –se mantuvo en la cola vasca, aunque tenga los mismos parlamentarios que el PSE-EE, es por la caída de esta última–; incluso lo de Galicia tuvo su aquel –una campaña que invisibilizaba los signos del PP para reforzar el personalismo de Feijóo y, además, incumplimiento de promesas desde el día siguiente por el veto del PP nacional–, pero a Sánchez no le servían de nada, así que al PP le vinieron bien.

El tiempo pasaba y Rajoy solo decía que «merecía» gobernar y que otros no tenían alternativa, pero no hacían nada para convencer a otras fuerzas políticas de nada, solo exigían lo que ellos consideraban un derecho incuestionable –que no lo es, no lo olvidemos–; entretanto, el PSOE comenzaba a desquebrajarse, el líder no lo era en la práctica, las estrategias de algunas personas de peso y sus federaciones chocaban y veían la imposibilidad de juntar a los dos «partidos del cambio», que se dedicaban a vetos cruzados –esto lo dejaron claro, Podemos no quería ni ver media coma del acuerdo que el PSOE firmó con Ciudadanos, y el partido naranja ya avisaba que votaría en contra de un gobierno entre el PSOE y Podemos, algo exigido por la formación morada–, así que con peores números que en marzo, era francamente difícil pactar nada. El PSOE, en realidad, ya había perdido a Ciudadanos –pacto mediante con el PP– y era difícil sacar un macro acuerdo con Podemos más Izquierda Unida más todas las confluencias, mareas, compromís y, a todo esto, sumar al PNV y el nada renovado PDC y, junto con ellos, a ERC –tampoco es que pusiera muchas condiciones, solo una, pero muy gorda–.

¿Qué podía hacer el PSOE? Mantener el «no» que tuvieron toda la legislatura pasada, elecciones y legislatura actual y llevarnos a una nueva «repetición» o traicionar posiblemente su única promesa electoral creíble y hacer lo que venía reprochando a Podemos en los últimos meses –no olvidemos el mantra de «si Rajoy sigue gobernando, es porque vosotros [Podemos] no apoyasteis un gobierno del cambio [PSOE+Cs]» que tanto repitieron, ¿ahora qué le reprocharán a Podemos? ¿Como nos votaron en contra tuvimos que investir a Rajoy? Suena raro–.

Pero una «repetición» suponía otra vez Sánchez como candidato, también y tal vez poner en jaque muchas cosas que ya tiene bien atadas el PSOE en algunos territorios –porque la abstención está siendo un terremoto allá donde los de la rosa tienen pactos con Podemos para poder gobernar, y ya se ha roto alguno a causa de esto–, y quizá dejar de ser segunda fuerza del país –el goteo de votos continuó y continúa–; también significaba pactar –necesariamente– con Podemos y aliados, y eso es algo que cierto PSOE no admite ni de casualidad –en Andalucía y Extremadura se la tienen jurada a Izquierda Unida, a Podemos y otros–. Quienes auparon a Pedro Sánchez le serrucharon el piso –como la lideresa andaluza– y han ocasionado un gran quiebre en el PSOE –no solo el PSC, partido federado a la organización española, sino otras federaciones propias del PSOE, como la balear, y muchos diputados que no quieren abstenerse– que acaba, deprisa y corriendo, imponiendo la abstención en el grupo parlamentario.

¿Y Rajoy negoció algo con el PSOE? Parece que no; no ha negociado con nadie más. Es que, por no hacer, ni ha tenido que renegociar o validar los acuerdos con Coalición Canarias y Ciudadanos, los dan por válidos y ya. Incluso algún ministro del PP comentó que el PSOE no solo se tendría que abstener en la investidura, sino también en los presupuestos… eso ya era humillar al caído y recularon, de los presupuestos hablamos luego, dijo Rajoy y su palabra, las pocas veces que la suelta, se vuelve ley. Rajoy esperó y el PSOE le regala la investidura para formar un gobierno.

El presidente en funciones lleva insistiendo que España necesita un gobierno, y «no cualquier gobierno», apostilla siempre; lo hace porque quiere atacar, de esta forma, los distintos intentos del PSOE, a los que siempre negó legitimidad democrática –contradiciendo con esa afirmación el propio sistema que dicen defender–; pero estoy de acuerdo: España merece un gobierno, y no cualquier gobierno. Estoy entre los que han votado por un no-Rajoy, que quieran o no, somos la mayoría –del censo electoral el 21,74% votó al PP; fue el partido más votado, sí, pero está lejos de la mayoría de los ciudadanos–; no nos ponemos de acuerdo con cuál es ese «otro gobierno» –son múltiples y contradictorias las visiones de todos los no-Rajoy–, pero no se puede presentar el gobierno del PP como el único posible y, sobre todo, como el único admisible.

Este debate de investidura es cualquier cosa menos serio, no solo porque sabemos el final, sino porque en esta primera parte es un mero acto que estará lleno de «noes» para que en el segundo acto triunfen los «síes» gracias a las «abstenciones» –y veremos qué pasa con el PSOE, lo único que está en duda–.

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