12 años de una década perdida (I)

por Rubén I. Kotler

Año 2005, los inicios de la década robada
Año 2005, los inicios de la década robada

Al final del ciclo kirchnerista, el relato, cadena nacional diaria mediante, nos narra una década ganada tras la supuesta salida del llamado neoliberalismo con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003. Sin embargo un raconto veloz y necesario nos pone frente al paradigma de una década no solo perdida sino desaprovechada, por derecha, pero también por izquierda. Y es que la construcción de un espacio de izquierda unitario capaz de enfrentar a un régimen que se reinventa crisis tras crisis, se hizo necesaria pero terminó también en fracaso. La recomposición de las clases dominantes tras la crisis abierta en 2001, implicó la emergencia de unos gobiernos que a fuerza de hacerse con un discurso progresista, terminaron por imponer unas políticas igualmente liberales como los que le antecedieron. Un lavaje de cara y una narración más asemejable a un cuento de Disney (bajada de línea incluida) y un batallón de intelectuales convirtiendo en relato las mentiras de la cadena nacional. En este primer escrito para la vuelta de DIAI me centraré en algunos aspectos de la política nacional y de hechos reales que contrastan justamente con el relato. En una segunda parte plantearé algunas cuestiones referidas a mis cuestionamientos a las izquierda, las cuales no hemos sabido capitalizar una crisis cíclica más como la que se avisora.

Las mentiras del relato

Las mentiras, dicen, tienen patas cortas. Y las mentiras del relato K dan la sensación de carecer de apoyatura empírica. Rápidamente podemos volver sobre las bondades del relato y contrastarlas con las veleidades de la realidad. Por nombrar solo algunos aspectos de la discordancia entre relato y realidad, la lucha contra las corporaciones implicó ceder mayor poder aquellas que ya lo tenían, por lo menos desde los años 90 como las telefónicas, las mineras, las petroleras, entre otras, la mayoría en poder de poderosas empresas transnacionales. El esquema de reparto de ganancias ha favorecido indudablemente a los poderosos dejando a los empleados y a los jubilados con pequeñas porciones de la torta: mientras la mayoría de los asalariados en blanco, esto es un 50% de los empleados, percibe una remuneración menor a $6000, el 80% de los jubilados gana la mínima, alrededor de $4000, mientras el Estado impone un salario mínimo oficial muy por debajo de la canasta básica real.

A los jubilados se les niega el 82% de movilidad sin embargo se usan los fondos de la ANSES para sostener programas de dudoso destino como Fútbol Para Todos o financiar programas sociales que deberían ser financiados por dineros genuinos del Estado y no con los fondos de los pasivos. Podríamos seguir enumerando sobre bases reales las ficticias mejoras que desde los relatos oficiales nos quieren hacer creer pero sin embargo para muestra con dos botones basta.

Lejos de la panacea que supuso la supuesta confrontación del gobierno K con las corporaciones vemos a empresas transnacionales ganar como nunca antes en rubros estratégicos de la economía como telecomunicaciones, minería, transporte, energía y otras. Las empresas de servicios privatizadas en los 90 con anuencia de los propios Kirchner y muchos de sus acólitos, incluido el actual candidato presidencial del oficialismo, el motonauta Daniel Scioli, no fueron re-estatizadas ni revisados sus contratos. Por el contrario para ellos sí que fue la década ganada y en esto la mega minería de empresas como la Barrick Gold se han llevado camionadas de dinero fresco proveniente de la explotación de minas a cielo abierto, causando al mismo tiempo saqueo y un daño ambiental irreparable en importantes regiones del país.

El ninguneo estatal a los reclamos ancestrales de las comunidades originarias en el reconocimiento de sus derechos, los acuerdos comerciales con empresas nefastas como Monsanto cuyo producto estrella, el Glifosato, envenena pueblos enteros, o el atraso en materia educativa que implica un fracaso en los distintos niveles de la educación pública, son algunos de los hechos empíricos de una Argentina real que se enfrenta en lo cotidiano a una Argentina de supuestos vociferados por la televisión ¿pública? Por periodistas mercenarios que apuestan a la desinformación. Estos escribas del modelo NO hablan de lo que debería estar en la agenda mediática. Tampoco los grandes medios tradicionales lo hacen pues los intereses de unos y otros son los mismos: EL CAPITAL.

El analfabetismo funcional y real se percibe en las aulas para quienes asumimos la tarea docente como profesión, pero también un analfabetismo político y cívico que no es casual: a los poderes reinantes le interese tener una base de pueblo poco instruida y mucho menos informada para una dominación más eficaz. Y la década perdida contribuyó sin dudas a ese vaciamiento en escuelas públicas y en universidades promovido por magros salarios a los educadores, con capacitaciones vacías de contenidos, como las que promueve el curso de formación permanente “Nuestra Escuela” y con las urgencias edilicias de siempre.

En el campo de los Derechos Humanos, a la división de las organizaciones históricas como Madres, Abuelas o HIJOS, se le sumó la cooptación de algunas de éstas con la promesa redentora de una revisión del pasado dictatorial argentino. Si bien en materia de juzgamiento a los represores se avanzó algunos casilleros, la desaparición irresoluta de Jorge Julio López hace ya NUEVE años y el nombramiento de Milani, sospechado de haber participado en el secuestro y desaparición del estudiante y ex conscripto Alberto Ledo, al frente del Ejército, supuso un retroceso más que un avance. No solo por las contradicciones propias que asume el Estado, sino por las continuidades que se observan en el discurso estatal tendientes a una especie de reconciliación nacional y que no atiende la totalidad de los reclamos en la materia. Algunas de esas históricas organizaciones que mucho hicieron en la lucha contra la dictadura y en los primeros años de la larga transición vigilada, sucumbieron al gobierno K y se dejaron llevar también por la pasión, poniendo un manto de piedad sobre el general Milani y todo el esquema represivo estatal aún con capacidad represiva. A esto hay que sumar la nefasta política de encubrimiento K en la falta de esclarecimiento del peor atentado terrorista que sufriera nuestro país contra la AMIA el 18 de julio de 1994, tal y como vienen denunciando desde la primera hora la Agrupación por el esclarecimiento de la masacre impune de la AMIA, APEMIA.

Podríamos seguir enunciando los derroteros de la década ganada, derroteros que implican la derrota de los sectores más vulnerables del tan mentado proyecto. Pero estas son solo algunas de las cuestiones que aún nos requiere de estudio, discusión, debate y sobre todo análisis más allá de lo pasional y más cerca de lo racional. Algunos compañeros del campo K se conforman con consignas tiradas al azar por la presidente en sus cadenas nacionales y que son titulares de los medios K y afines, pero no escuchan sus discursos completos, no chequean los datos arrojados por CFK ni se preguntan qué enuncia. Aplauden, a mi modo de ver y percibir, una puesta en escena más que el contenido de lo que la “jefa” pronuncia como verdad. Estos compañeros son incapaces de ver el crecimiento económico apabullante aún de aquellas empresas que dicen combatir como las que controlan el Grupo Clarín o los nuevos pulpos mediáticos del empresario devenido K, Cristobal López; o los avances del narcotráfico que convirtió en los últimos lustros a la Argentina no solo en una región de paso sino de producción y sobre todo de consumo, dejando a miles de pibes destruidos por el consumo de drogas que como el Paco hacen estragos en la salud de las personas y de las sociedades; o la recomposición de las fuerzas represivas siendo hoy uno de los ejes de la propaganda de los tres principales candidatos del sistema: Scioli, Massa y Macri; o la deplorable salud pública

Un nuevo ciclo de reacomodamientos

Estamos a días de nuevas elecciones generales en nuestro país. En algunas provincias como la de Tucumán, en la cual vivo, hemos tenido ya un proceso electoral provincial que demostró hasta dónde está dispuesto el poder dominante a perpetuarse a base de prebendas, clientelismo y fraude sin que esto suponga ni un mínimo de crítica de los intelectuales del sistema, esos intelectuales orgánicos que prefieren mirar para otro lado cuando se queman urnas, se amenazan a jueces o se los compra y por el contrario, siguiendo una lógica del aguante futbolero, asisten a esos mismos poderosos como marionetas. Todos los caminos conducen al fortalecimiento del proyecto neoliberal que desde por lo menos 1966 se viene imponiendo en nuestro país. La continuidad histórica de los 90, durante los años del menemato, se comprueba con la elección, sin discusión ni “interna” del candidato oficialista, el otrora menemista Daniel Scioli. Lo más preocupante es que de la vereda supuestamente opositora, dos representantes del viejo peronismo menemista y del proyecto neoliberal, serán los principales contrincantes: Sergio Massa (ex kirchnerista devenido en opositor) y Mauricio Macri, claro exponente de la derecha empresarial más recalcitrante de nuestro país. Ya hemos vivido algunas pruebas de ensayo del nuevo esquema represivo de la protesta social, aquella que durante los primeros años de la era K, el mismísimo presidente Néstor Carlos, se jactaba de no reprimir. El macartismo hacia la izquierda, la persecución a militantes del campo popular y su procesamiento, como quedó demostrado en Tucumán con el detenimiento de dirigentes del Partido Obrero sin causa alguna, la represión cada vez más sistematizada y un nuevo ciclo de empobrecimiento, serán parte de la realidad de la Argentina post era K. La economía que naufraga sobre aguas turbulentas, las relaciones carnales con el nuevo imperio que asoma en el horizonte, como el chino, los bajos niveles de las reservas en el banco central, hacen prever un escenario económico y social por demás complejo. La Argentina que nos dejan los 12 años de gestión K no es una panacea y sin lugar a dudas el GRAN Capital, sintetizado en el coloquio de IDEAS, allí donde los tres candidatos del proyecto han acudido sin ruborizarse para exponer las continuidades de la parte bondadosa del modelo. Mientras los salarios van quedando aplastados por una inflación no reconocida, quienes vivimos del mismo, deberemos ajustar nuestros pantalones, pues una posible devaluación se sentirá como un sismo de gran magnitud. Una vez más la crisis la pagan los trabajadores y los menos favorecidos del modelo. Mientras seguirán las mentiras oficiales, los relatos de fantasías y por supuesto, los reacomodamientos dentro de la clase dominante, la cual ya ha demostrado que sabe cómo perpetuarse en el poder mudando de piel.

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1 comentario sobre «12 años de una década perdida (I)»

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