Hebe

“Claro es que en el campo de la acción política, el más superficial y aparente,sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire;jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.” Antonio Machado
por Ariel Mayo en Propuesta Marxista
Para empezar este artículo nada mejor que ser absolutamente claro. En situaciones complejas andar con medias tintas termina llevando a callejones sin salida. La conducta política de Hebe de Bonafini durante la década kirchnerista (no interesa en este momento ir más atrás) fue funcional a un modelo económico y político cuyo objetivo principal era restablecer la acumulación de capital y la confianza en las instituciones del Estado capitalista, gravemente afectadas por la crisis de diciembre de 2001. Néstor Kirchner salió segundo en las elecciones de 2003 con un exiguo 22,24 % de los votos; se impuso en el balotaje gracias a que su rival, Carlos Menem, renunció a presentarse a la elección. De ahí la preocupación por ampliar las bases de sustentación de su gobierno. El acercamiento a los organismos de derechos humanos fue una pieza clave en esa tarea, pues permitió que el kirchnerismo se rodeara de un aura de progresismo. Néstor Kirchner desarrolló un discurso favorable a la causa de los derechos humanos y contrario a la dictadura militar, tanto más novedoso cuanto que nunca antes había figurado entre los enemigos de la dictadura militar y de los genocidas. Pero el kirchnerismo no sólo ofreció palabras, también entregó grandes sumas de dinero para ganar el favor de los organismos de derechos humanos.

Hebe fue una pieza clave en el proceso. Decidió que Madres se encolumnara detrás del kirchnerismo, acallando a las voces disidentes, y defendió con fanatismo del converso todas las causas del kirchnerismo. Para llevar a cabo esta tarea utilizó sus tendencias al autoritarismo y a la concentración del poder. Un ejemplo claro es la forma en que manejó la Universidad de las Madres, con expulsiones de los docentes que planteaban diferencias políticas y/o académicas, con precarización laboral de los empleados, con el rechazo a la conformación de una comisión interna. En el plano de las relaciones laborales, Hebe se comportó en un todo de acuerdo con las líneas generales de la política del ministerio de Trabajo conducido por el inefable Carlos Tomada: precarización, contratos “basura”, supresión de las comisiones internas, vigilancia policíaca sobre los empleados que iban al frente en las discusiones salariales.
La experiencia de “Sueños Compartidos” expresó la continuidad de la política desarrollada en la Universidad, sólo que aquí había mucho más dinero en juego. El kirchnerismo utilizó a “Sueños Compartidos” como mecanismo de cooptación y como un vehículo para la corrupción al interior del Estado. El desvío de fondos millonarios a manos de funcionarios gubernamentales y los miembros más encumbrados de la Fundación Madres (como es el caso de Sergio Schoklender) caracterizó a la experiencia, así como también su bajísima eficiencia en la concreción de proyectos de viviendas. Como en el caso de la Universidad de las Madres, la precarización laboral (incluido el no pago de sueldos) estuvo al orden del día.
La política de fusión con el kirchnerismo tuvo su punto más alto en el célebre abrazo de Hebe con el general Milani, por entonces jefe del Ejército. Milani, oficial de inteligencia, estuvo involucrado en la desaparición del conscripto Ledo durante el Operativo Independencia en la provincia de Tucumán. En criollo, Milani fue uno de los genocidas de la dictadura. Su ascenso a la jefatura del Ejército se dió en el marco de la política de fortalecimiento de los organismos de inteligencia desarrollada por Cristina como respuesta al estancamiento de la economía iniciado en 2011. Dicha política se tradujo en un ascenso de la represión sobre el movimiento obrero.

La política de Hebe bajo el kirchnerismo merece ser calificada de “miserable”. El daño que realizó al prestigo de las organizaciones de derechos humanos fue incalculable, y es utilizado actualmente por el macrismo en su avanzada represiva, a punto tal que es frecuente el uso del término “corrupto” para referirse a los dirigentes de los organismos de derechos humanos. Tal vez la expresión más acabada del grado de bajeza a que llegó Hebe sea su conducta frente a la desaparición de Julio López, desaparecido en 2006 durante el juicio al represor Etchecolatz. Hebe llegó a decir que “Julio López no era un desaparecido típico” y que su formaba parte de una maniobra contra el gobierno de Néstor Kirchner.
En el día de ayer, la policía pretendió llevar detenida a Hebe durante la Ronda de los Jueves (que Madres vienen realizando ininterrumpidamente desde 1977). El objetivo era llevarla a declarar en la causa “Sueños Compartidos”. Aquí también hay que ser absolutamente claros. Pretender realizar la detención de Hebe durante la ronda de los jueves es una provocación, se mire por donde se lo mire. A la justicia argentina, clasista hasta el caracú, le importa un rábano la corrupción. Basta con decir que se trata de jueces que no pagan impuesto a las ganancias, como si lo hacen los trabajadores argentinos, y que esos jueces muestran una capacidad asombrosa para acumular riquezas. El poder judicial forma parte del aparato del Estado capitalista. En Argentina, el Estado favorece la corrupción como herramienta para fomentar la acumulación de capital (y el acrecentamiento del patrimonio de los funcionarios estatales).
La orden de detención de Hebe es una medida política. Se elige alguien tan indefendible como Hebe para medir la capacidad de reacción de los sectores populares. Se opta por hacer una demostración de fuerza durante la ronda de Madres para atacar los símbolos de resistencia a la dictadura. El macrismo continúa así una política iniciada por Cristina Fernández con el nombramiento de Milani al frente del Ejército.
Es preciso repudiar la acción de la policía irrumpiendo en la ronda de los jueves para detener a Hebe. Es preciso repudiar el papel nefasto y miserable jugado por Hebe en la destrucción del prestigio de los organismos de derechos humanos. Es preciso repudiar el granito de arena aportado por Hebe en la consolidación de un modelo laboral basado en la precarización y en los bajos salarios. Es preciso recordar que Julio López sigue desaparecido y que la tortura es práctica cotidiana en las cárceles y comisarías de nuestro país.
Una vez más el aire de la política sopla lejos de nuestra vela. Nuestra posición como militantes socialistas es incómoda. Pero nos queda mostrar al desnudo las posiciones de las partes enfrentadas, para desarmar las ilusiones en falsas heroínas, en jueces neutrales y en un Estado imparcial. Se trata, como siempre, de poner en el centro del debate político a la lucha de clases.

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