Fotomanipulación de esta imagen: https://flic.kr/p/2kpSv43 TRUMP RALLY at Lower Senate Park near C Street between Delaware Avenue and First Street, NE, Washington DC on Wednesday morning, 6 January 2021 by Elvert Barnes Photography

Estados Unidos: Chewbacca y Toro Sentado intentan un golpe de estado

por Pablo Pozzi

Ayer a la noche estaba atornillado frente a la tele y las redes sociales viendo qué pasaba en Estados Unidos. Hoy amanecí con mensajes de mis amigos yanquis que insistían que Trump había intentado un golpe de estado. Andrés Oppenheimer en La Nación repetía que Trump había intentado un autogolpe. El New York Times acusaba a Trump de sedicioso y de instigador de un ataque violento a las instituciones democráticas. La BBC se hacía eco que los trumpistas habían asaltado al Capitolio. Un hispano diputado demócrata usó France 24 para tildar a Trump de dictador y decir que trataba de convertir a Estados Unidos en un país latinoamericano; me encanta el racismo apenas si solapado de los progres yanquis. El vicepresidente Mike Pence y el líder republicano Mitch McConnell repudiaron los hechos y llamaron a defender la democracia. Y mientras todo eso me bombardeaba yo trataba de reconciliar lo que decían con las imágenes y la poca información que escapaba la fuerte unanimidad de los medios de comunicación. Lo que fueron surgiendo fueron dos o tres cosas. Y vamos por partes (una vez más, diría Jack).

El golpe de estado. Yo feliz, luego de que Washington promoviera golpes y masacres a través del mundo, esperaba ver largas columnas de tanques camino a la Casa Blanca, más o menos como en el 93 en Moscú en el golpe contra Yeltsin. Ya me los imaginaba a los diputados demócratas resistiendo valerosamente en el Capitolio la agresión de los fascistas, más o menos como Salvador Allende en el Palacio de la Moneda. Pero nada de eso sucedió. Es más, varios miles de trumpistas disfrazados de cualquier cosa (a mí me encantaron los que tenían los disfraces de Chewbacca y de Toro Sentado), muchos de fajina, algunos con armas largas, hombres y mujeres, con banderas yanquis y confederadas, se habían congregado frente a la Casa Blanca, primero, y al Capitolio después. Allí se enfrentaron a una delgada línea de policías (nada que ver con los muchachos de reprimían las movilizaciones de Black Lives Matter), entre los cuales debía haber unos cuantos trumpistas porque los dejaron pasar e ingresaron al Capitolio. Debo mencionar el interesante concepto de los defensores de la democracia que opinan que la ciudadanía no debe ingresar en los recintos institucionales. Una vez adentro los tipos gritaban, circulaban, le dijeron barbaridades a algunos diputados y empleados, y se sacaron fotos. Los diputados y sus acólitos se encerraron en sus oficinas y se escondieron en escritorios y armarios. Valerosos los representantes de la gran democracia del Norte. Digamos, comparado con el funeral de Maradona y el ingreso de las barras bravas a la Casa Rosada de Buenos Aires mientras el Presidente Alberto Fernández solito les salía al cruce, los trumpistas fueron unos violentos más o menos dietéticos.

En algún momento, y por razones que aun no quedan en claro, se armó un forcejeo con la policía (o por lo menos con los que no eran trumpistas) que recurrió a sus armas de fuego hiriendo a tres y matando a una manifestante (valga la pena mencionar que los cuatro estaban desarmados). Supongo que fue para demostrar que no solo pueden asesinar a negros desarmados. La cosa se les fue de manos y 14 policías fueron apaleados por los trumpistas que por alguna razón se molestaron, mientras que dos docenas de manifestantes recibieron su merecido a manos de los servidores del orden, mientras un número nunca bien especificado de trumpistas fue detenido.

¿Fue un golpe o intento de autogolpe? Mis amigotes profes universitarios están horrorizados y asustados. Todos insisten que peligra la democracia. ¿Cómo, no era cosa que les pasa a ustedes, Pablo? Todo mientras yo, educado, pensaba «son amigos, porque si no los mando a ver a la trabajadora sexual que los parió». Pero, por una vez estamos de acuerdo en algo, pero no por lo que ellos creen. Por un lado, vamos, gente, los que hemos vivido golpes sabemos que lo que ocurrió ni remotamente se les asemeja. Eso lo deberían saber ya que el principal manual golpista lo escribió Edward Luttwak hace ya unos sesenta años para uso del Departamento de estado. Sí, tienen razón en que peligra la democracia, pero no de ahora sino desde hace muchísimo. En realidad, el respeto al voto hace mucho fue dejado de lado en la «gran democracia del norte» (como la llaman unos cuantos analistas que en realidad son propagandistas). Digo, vuelvo a recordarles que la elección del 2000 la ganó el tipo con menos votos; que la del 2016 también y encima que los demócratas se han desgañitado cuatro años acusando a Trump (y Putin) de cometer fraude. No veo por qué esta elección iba a ser muy diferente; excepto por una cosa: la cantidad de datos disponibles sobre fraude son legión y merecerían, por lo menos, ser considerados. Hasta ahora, la Justicia norteamericana ha descartado las 50 presentaciones trumpistas sin siquiera investigarlas. Es más, ni siquiera hay un informe discutiendo con seriedad (y descartando) las diversas acusaciones, y eso incluye a los numerosos funcionarios electorales que han declarado que fueron instruidos para modificar papeletas y resultados. ¿Mienten? ¿Todos? Puede ser, pero me parece que por lo menos, y por la salud y legitimidad de las instituciones, tendrían que investigarlo.

Y ahí es notable el papel de los medios, que dejan muy en claro que los sectores de poder le han bajado el pulgar a Trump y sus acólitos. La prensa adjetiva y distorsiona. Por ejemplo, el New York Times informa de una batalla campal entre manifestantes y la policía, y que una mujer fue muerta. Luego, que se encontraron bombas en varios lugares de Washington. Nada de que la muerta lo fue por la policía. Menos aun que las bombas fueron encontradas en la sede del Partido Republicano. ¿Las pusieron los mismos trumpistas? ¿O estaban allí para fomentar aún más caos? La BBC informa que Trump perdió las 50 presentaciones judiciales para revisar los resultados electorales; la verdad es que nunca llegaron a juicio, o sea, no perdió, sino que fueron rechazadas sin juicio. Y repiten que no presentaron pruebas; cosa que tampoco es cierto, basta ver las filmaciones de los lugares de votación para por lo menos dudar de la transparencia electoral. Al mismo tiempo, señala aprobadoramente que Facebook y Twitter han cancelado las cuentas de Trump y los trumpistas por «sediciosas». Si eso hubiera ocurrido en Rusia o en Cuba, la BBC estaría gritando que se ha aplicado la censura. Pero claro, Trump está tratando de derrocar a Biden, si estuviera tratando de derrocar a Putin, Maduro o Díaz Canel, entonces eso sería un acto democrático. No solo son hipócritas, sino también manipuladores. Digamos, Goebbels era un poroto al lado de los medios yanquis. Él decía: «Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá».

Ahora en todo lo que he leído y visto sobre lo que pasó en el Capitolio nadie parece hacerse preguntas de fondo. Sobre todo, porque no pasó solo en el Capitolio y en Washington. Hubo fuertes movilizaciones a través de Estados Unidos: Seattle, Milwaukee, Nueva York, Baltimore, Carolina del Norte, Georgia, Florida. Quizás lo notable es que los trumpistas se movilizaran en Nueva York, bastión del antitrumpismo. Y todos, pero todos, haciéndose eco de Goebbels, insisten que eran una sarta de brutos y trogloditas movilizados por ese «gran» orador sedicioso que es Trump. Otra vez, es indudable que hay muchos animalitos de Dios entre los trumpistas, pero también entre los bidenistas. ¿Cómo lo sé? Pues, porque mis amigos demócratas pueden pensar y decir barbaridades tan grandes como las de los trumpistas. Pero ¿tantos miles de tarados no indican algo? Sí, yo creo que sí. Indican la decadencia de Estados Unidos, como dijimos con Fabio Nigra hace ya más de una década. Indican que los políticos tradicionales y lo que se puede denominar «el establishment» son repudiados por el norteamericano promedio. Indican que hay mucha gente harta de que le mientan y que les roben el futuro suyo y de sus hijos. Treinta por ciento de los norteamericanos están por debajo del nivel de pobreza; cuarenta por ciento más gana apenas por encima; no hay cobertura de salud; no hay estabilidad laboral; la jubilación casi no existe. Todo mientras los políticos cada día gastan más y más. La consigna trumpista MAGA (Make America Great Again) implica que no es más great. Y por lo tanto no hay futuro. Muchos se volcaron durante años a grupos evangélicos y de derecha como el Tea Party. Sin éxito: sus triunfos electorales llevaron a que los nuevos políticos hicieran lo mismo que los viejos. Y el neoliberalismo siguió tan campante. Con Trump pensaron que tenían alguien por fuera del establishment que era como ellos (tenían razón) y ahora sienten que vuelven a gobernarlos los mismos tipos que destruyeron su futuro. Encima de mojado, llovido. No solo Trump dice que les robaron la elección, lo dice la vasta mayoría de sus votantes. Lo importante no es si Trump es un sedicioso dictador en ciernes. Lo importante es la inmensa cantidad de norteamericanos que ya no creen en el sistema político. Peor aún, que recurren a la derecha, como los Proud Boys y los War Boys, para expresar sus reivindicaciones.

¿Qué va a pasar? Por lo pronto, el Congreso ratificó la elección de Biden, sobre todo porque ya han arriesgado demasiado para siquiera nombrar una comisión electoral bipartidista que revise las acusaciones. Al mismo tiempo, van a avanzar acorazadamente en el proyecto neoliberal inaugurado con Reagan, profundizado por Clinton, y embellecido por Obama. El objetivo de los sectores dominantes, en medio de una crisis de magnitud mundial, es detentar todos los resortes del poder para así determinar quién paga los platos rotos de la pandemia (y, podría agregar, de las políticas infames que han aplicado desde hace ya cuarenta años). Esto debería llevar a lo más probable: que se profundice la crisis política. Asimismo, dudo mucho que se note a nivel nacional (el establishment va a hacer lo imposible para salvar las apariencias democráticas de las instituciones) pero que a nivel local y estadual se verán más conflictos, más grupos de ultraderecha (como los Proud Boys) y el surgimiento de un nuevo Tea Party más a la derecha y más populista (si eso fuera posible), dificultando la gobernabilidad. Mi impresión es que Biden encabezará un gobierno jaqueado por la derecha trumpista y a la izquierda por movimientos como Black Lives Matter, en un proceso de cada vez mayor represión estatal y violencia callejera. Por último, dudo que Trump continúe como líder, sobre todo porque la gran burguesía le va a hacer pagar muy cara su rebeldía en el nivel que más controla: el de los negocios. Esto implica que surgirán nuevos líderes de la ultraderecha pero con apoyo de masas. ¿Se dividirá el Partido Republicano? Todo puede ser, aunque mi sensación de lo más probable es que el trumpismo continúe su presión sobre los políticos, que le permitiría a tipos como Newt Gingrich jugar fuerte, lo mismo que el senador por Missouri Josh Hawley. En cambio, es probable que Pence y McConnell pierdan parte de su prédica a menos que se reciclen como «trumpistas moderados» (me hace gracia la contradicción en términos), sobre todo porque se alinearon con el establishment frente a Trump. Y si bien creo que Biden va a tener problemas para implementar sus políticas por falta de consenso también opino que lo va a hacer igual, lo cual debería agudizar los problemas.

Según algunos analistas, Biden será el «Presidente Asterisco» retomando un criterio de que los récords deportivos; cuando cambian el juego o la forma de registrarlos, son anotados con un asterisco. Unos 75 millones de norteamericanos están convencidos que les birlaron el voto para favorecer a los más ricos; otro tanto ni siquiera se molestó en ir a votar y por ende no cree que el sistema político pueda solucionar sus problemas. Diría Gramsci que están todas las condiciones dadas para una crisis orgánica.

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3 comentarios sobre «Estados Unidos: Chewbacca y Toro Sentado intentan un golpe de estado»

  1. Salud

    Sin dudas eso ni era ni intentaba un golpe de Estadio (ni podía ser, por las fuerzas que lo apoyaban). Creo que incluso eso debilita al propio Trump (aunque a estas alturas ya debe saber que está vendido, no tiene futuro en la política a nivel federal, al menos no en el PR). A él le bajaron el dedo y que uno de sus colegas le grabara mientras el «presi» le pedía «encontrar votos» para ganar un Estado es una buena muestra de que ya no le quieren y eso tiene que saberlo. No tiene fuerza (aunque quisiera) para protagonizar un golpe. Pero permitir un «escándalo», pues es muy de su estilo.

    Algunas cosas llaman la atención, hemos visto una y mil veces la seguridad de los distintos edificios públicos cuando hay protestas «contra» ese poder (frente a la Casa Blanca, frente a la Corte Suprema, frente al Capitolio), y la que había ayer era de chiste. Se nota que era una protesta a favor del poder saliente. Trump diciendo que no les peguen porque son de los buenos… esa es la postura que siempre se debería tener ante manifestantes, lo otro suele acabar mal, con una represión brutal (y acá hablamos de muertos también cuando, en general, tampoco ha sido gran cosa).

    La presencia de armas de fuego en las protestas de por allá es una dinámica habitual y la ultraderecha «popular» (esas gentes del pueblo más o menos llano), en todos estos meses, no es el primer parlamento que toma a la fuerza… pero solo un ratito (tampoco tiene fuerzas para quedarse ahí o hacer algo).

    Entrar a la fuerza y hacer el gamba dentro de un edificio interrumpiendo su actividad normal no está bonito, pero, dependiendo de lo que se haga (hay un límite en la violencia, una cosa es entrar a la fuerza y otra tiroteando, quemando o rompiendo todo a su paso), tampoco escapa mucho a lo que es una protesta. Hacer el tonto como lo hicieron, además, no deja en buen lugar la protesta (ha quedado todo muy pintoresco, muy poco creíble). Ocultar que las muertes son de manifestantes (¡como siempre!) tampoco está bien.

    Uf, por último, como he leído y hablado con varias personas, esto nos lo muestran tal cual en una película y no nos lo creemos (¿gente subiendo por una pared y la policía mirando? Sí, hombre, claro, ahora una de vaqueros), nos parecería demasiado forzado, demasiado raro, demasiado impostado (¡esos trajes!), demasiado… imposible, pensaríamos. Pero ha sido real, y no es una película de bajo presupuesto.

    Falta el análisis de fondo, falta ver por qué Trump, haya o no fraude, tiene tantísimos votos (¡que mejoró su resultado!), por qué la peña está dispuesta a salir con armas para defenderle y qué se ha hecho mal durante cuarenta o cincuenta años para que el racismo, la xenofobia y la aporofobia dividan a las clases trabajadoras, esto es algo que las izquierdas gringas deberían mirar con detenimiento, porque allá no existimos (y pensar que el PD es de «izquierdas», así en general, es de una ceguera brutal), más allá de grupos marginales y también pintorescos (pero algo menos armados y con mucho menos apoyo con la policía, claro).

    Hasta luego 😉

  2. Cuando las brasas aun arden, a veces se hace difícil emitir una opinión sobre los hechos sociales y políticos que ha ocupado la atención del mundo entero, nada menos que en el País que se mostraba como los adalides de la democracia; y el análisis viene de alguien, como el Profesor Pozzi, conocedor de la realidad social y política de ese País del Norte y de la realidad en general.
    Decía que no es fácil sumar un análisis cuando las brasas aun arden; pero sin dudas el futuro del gobierno Joe Biden será compleja, no solo por los “tironeo» de los Republicanos que sufrirá; sino de sectores de su propio partido, los Demócratas, mas tirado hacia la izquierda, por cierto muy débil de este lado; pero sin dudas habrá tironeo, por sobretodos de los trabajadores y de los afrodescendientes.
    Estados Unidos viene sumido en una crisis económico-financiera que data de muchos años, diría décadas, las más fuerte es la que tuvo un proceso desde finales de los 90 y que eclosionó a comienzo de este siglo, más exactamente entre los años 2007-2008, con la crisis de las hipotecas subprime, que actuó como detonante de la gran Recesión a Nivel Internacional. Esta recesión ha dejado una pléyades de pobres y más pobres en el hasta ahora, Imperio Hegemónico del capitalismo desarrollado. Estados Unidos tiene enormes problemas con los sectores trabajadores, la desocupación, la falta -o total ausencia- de derechos sociales es acuciantes en ese capitalismo desarrollado- la salud pública no existe o es muy limitada, realidad que no solo es hollybudesca, el ciudadano norteamericano, no solo vive esa falta; sino que lo padece; ni hablar del inmigrante que fue en busca de mejores condiciones de vida; el seguro de desempleo es un derecho que al día de la fecha es inexistente; así podríamos enumerar una series de derechos sociales que a diario pierde el trabajador norteamericano; ni hablar de las condiciones en extrema precarias del inmigrante, como los latinos o el obrero de color. Este es el País que debe gobernar el “demócrata” Biden. Ante esto, nos cabe preguntar: ¿ejecutará una política progresista que reconstruya ese País, re-industrializándolo, bajando los altos niveles de pobreza, garantice una igualdad más equitativa al lado del capitalismo desarrollado más desigual del mundo; o por el contrario continuará las hullas autoritarias de la derecha misógina y xenófoba de su antecesor Donald Trump?
    María Esther Vera

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